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Entrega del Doctorado Honoris Causa a Manuel Gómez Morin


Palabras del Gobernador del Banco de México, doctor Agustín Carstens, durante la ceremonia de entrega del primer grado Doctorado Honoris Causa de la Escuela Bancaria y Comercial a Don Manuel Gómez Morín (de forma póstuma), en la Sala Bancaria del edificio principal del Banco de México. 21 de noviembre de 2014

Dr. Agustin Carstens

Muy buenos días

  • Señor Rector de la Escuela Bancaria y Comercial, doctor Carlos Prieto Sierra,
  • Muy estimado don Antonio del Valle Ruiz, representante del Jurado de Honor que definió el nombre de quién recibiría este primer Doctorado Honoris Causa de la prestigiada Escuela Bancaria y Comercial,
  • Señor Profesor Decano de la Escuela Bancaria y Comercial, Contador Público Vicente Romero Said,
  • Señor Juan Pablo Gómez Morín Rivera, en honrosa representación de los familiares y descendientes de don Manuel Gómez Morín,
  • Señores profesores, exalumnos distinguidos y miembros de la vigorosa comunidad académica de la Escuela Bancaria y Comercial,
  • Compañeros del Banco de México,
  • Señoras y señores:

  • Bienvenidos a esta histórica y emblemática Sala Bancaria de nuestro Instituto Central. Para el Banco de México, y para mí en lo personal, es un gran honor ser anfitriones y testigos de esta importante ceremonia en la que se distingue a la vez a un ilustre mexicano fundador de Instituciones, como lo fue don Manuel Gómez Morín y a una de las instituciones de excelencia que él forjó e impulsó desde sus primeros pasos, de manera visionaria: la Escuela Bancaria y Comercial.

    Es particularmente afortunado que esta ceremonia se celebre aquí en la Sala Bancaria del edificio principal del Banco de México, que es otra de las grandes instituciones que don Manuel contribuyó a crear con esmero, talento y con ese sello de excelencia humanista al servicio de la Patria, que fue característica de los más variados emprendimientos que llevó a cabo Gómez Morín.

    Hemos tenido oportunidad de escuchar cómo la hoy Escuela Bancaria y Comercial se gestó aquí, en el Banco de México, idea impulsada activamente por quien fue el primer Presidente del Consejo de nuestro Banco Central, precisamente don Manuel Gómez Morín, en los tiempos de su primer director-gerente, don Alberto Mascareñas Navarro.

    También don Antonio del Valle nos ha recordado los tres atributos de excelencia que la Escuela Bancaria y Comercial, como Institución de educación superior, se ha empeñado en imbuir en todos sus egresados: “Solidez en el saber, destreza en el hacer e integridad en el ser”.

    Bien vistas las cosas, en todo lo que aquí se ha dicho encontramos una constante, un hilo conductor o “leitmotiv”, que es la importancia crucial de las instituciones para forjar un país fuerte que sea espacio propicio para el desarrollo y bienestar de todos los que tenemos la fortuna de vivir en él.

    En el caso del Banco de México, este carácter institucional se funda en la generación de confianza de la que depende, justamente, la buena marcha y el sano desarrollo de todo el sistema bancario. Para un Banco Central el principal activo, imprescindible, es la confianza. Y un Banco Central sólo puede cumplir su misión – procurar la estabilidad del poder adquisitivo de la moneda que emite-, si irradia confianza. Eso es una Institución, no un edificio material, por bello, sólido y entrañable que sea, como es el caso de este hermoso edificio en el que estamos. Las instituciones son acuerdos sociales que permiten armonizar los esfuerzos conjuntos, bajo reglas del juego conocidas, invariables, que se cumplen siempre y en todo lugar.

    De esa forma, por ejemplo, la propia moneda de curso legal es una Institución que da fortaleza y sustento a la economía de un país.

    Y unas Instituciones necesitan de otras Instituciones o, incluso, como en el caso del Banco de México y de la Escuela Bancaria y Comercial, contribuyen a crear nuevas Instituciones.

    Para el buen desempeño del Banco Central, como claramente lo vio Gómez Morín, era preciso que el profesionalismo y la capacidad del personal de la Institución contribuyeran a generar ese activo inapreciable que es la confianza. Y ahí, precisamente, surge la visionaria idea llevada a la práctica de crear la “Escuela Bancaria del Banco de México” que más tarde llegaría a ser la Escuela Bancaria y Comercial.

    Buscar cada vez una mejor y mayor formación de capital humano ha sido, desde su fundación, un empeño que ha caracterizado al Banco de México y que, obviamente, explica los orígenes de lo que hoy es la Escuela Bancaria y Comercial. Institución que ha sido, a su vez y a lo largo de los años, una de las principales fuentes de formación de profesionistas y de personal de excelencia de las que se ha alimentado nuestro Instituto Central. Al día de hoy, alrededor de medio centenar de nuestros compañeros en activo en el Banco de México – por no hablar de varias decenas más de jubilados Banxico- son egresados de licenciaturas, diplomados, maestrías, cursos de la Escuela Bancaria y Comercial o, incluso, son actualmente alumnos de la EBC.

    Para concluir me gustaría redondear esta idea sobre la gran trascendencia de las instituciones para darle a un país fortaleza, lo mismo en tiempos halagüeños que en tiempos difíciles, y para darle armonía lo mismo cuando los vientos soplan a favor que cuando los cielos se vuelven tormentosos y parecen conspirar en contra del buen rumbo.

    Recojamos esa lección de vida que Gómez Morín y otros grandes forjadores de Instituciones del México Moderno nos legaron: las Instituciones importan, apostemos siempre por las Instituciones, cuidemos siempre las Instituciones y sintámonos orgullosos de contribuir, cada cual desde el lugar que le corresponde, a engrandecer nuestras Instituciones.

    Muchas gracias.

     

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