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La EBC está por cumplir cien años. Un siglo tejido sin estridencias, día tras día, decisión tras decisión. Porque la historia no se compone solo de fechas memorables, sino de rutinas, esfuerzos silenciosos y sueños que, casi sin notarlo, cambian el rumbo de una vida.En el marco de la Semana de la Mujer, miramos a cuatro generaciones de alumnas para entender cómo ha cambiado la Escuela —y el mundo que la rodea— a lo largo del tiempo.
Felisa Prieto Argüelles estudió Funcionario Bancario entre 1935 y 1939. María de la Luz Franco Bois cursó Contador Privado de 1958 a 1960. Karina Avendaño Frías inició en 1995 y hoy es egresada de Ciencias Administrativas, Contaduría Pública, con Especialidad en Impuestos y maestría en Alta Dirección. Vanessa Chapa es estudiante de Administración de Negocios de la Comunicación y el Entretenimiento en la actualidad.Tres voces actuales y una memoria recuperada nos permiten recorrer casi un siglo de experiencia femenina en la EBC. Y hay un punto de partida común: ninguna llegó por casualidad.
Felisa lo hizo por recomendación familiar; su madre confió en la seriedad de la institución al saber quién la dirigía. María de la Luz siguió el consejo de sus tíos, egresados de la Escuela. Karina encontró en una profesora —también exalumna— el impulso para cambiar de rumbo. Vanessa escuchó hablar de la Escuela de Negocios y decidió apostar por ese proyecto. Estudiar en grupos mayoritariamente masculinos fue, para las generaciones más antiguas, parte del paisaje. Felisa recuerda salones casi llenos de varones y pocas mujeres divididas entre contextos sociales muy distintos. Décadas después, Karina todavía percibía esa mayoría masculina en el aula, aunque con una solidaridad más presente. Aunque la EBC fue mixta desde su origen, la experiencia femenina no siempre fue numéricamente equilibrada.
Vanessa habla desde el presente: reconoce avances y una comunidad que promueve la igualdad, pero también micro acciones que recuerdan que el camino no está del todo recorrido. Frente a ello, destaca la fuerza de las redes de apoyo entre mujeres.
Cuatro generaciones, tres edificios. Palma 44, Reforma 202 y Liverpool 54. Espacios distintos, una misma vocación.
- Felisa evoca los años treinta: exámenes escritos a mano, tardes en bibliotecas del Centro, viajes en tranvía y una torta de 25 centavos cuando el presupuesto lo permitía. Austeridad y entusiasmo caminaban juntos.
- María de la Luz recuerda la exigencia académica, las tareas que tomaban días y las noches en vela. El rigor no era obstáculo, sino formación de carácter.
- Karina fue testigo de la transformación de Reforma 202, donde la explanada —bautizada como “la playa” por sus sombrillas— se convirtió en punto de encuentro e identidad estudiantil y que en la actualidad aún se utiliza en algunas explanadas de los campus de la EBC.
Cada una enfrentó desafíos propios. Felisa llegó sin dominar el español y terminó siendo profesora de Expresión Escrita. María de la Luz sostuvo con firmeza el nivel académico. Karina, alumna becada, aprendió disciplina y responsabilidad; incluso se preparó en primeros auxilios tras una experiencia familiar que la marcó. Vanessa vive una etapa de mayores oportunidades, pero también de retos sutiles que a veces se enfrentan en colectivo y otras en solitario.
En todas hay un hilo conductor: la convicción de que la educación transforma. “Sin la EBC no estaría donde estoy hoy”, afirma Karina. María de la Luz habla con orgullo de las puertas que la Escuela le abrió. Felisa dejó huella como docente. Vanessa está escribiendo su propia historia, quizá una que dentro de cincuenta años alguien más contará.
El mensaje que comparten es claro: trabajar, estudiar, avanzar.
El momento ideal es ahora.
Escrito por: Javier Alamillo
Archivo Histórico EBC

