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En 2026, dos comunidades de la Escuela Bancaria y Comercial alcanzan aniversarios significativos: Campus León cumple quince años y Campus Mérida, diez. Sus historias no sólo dan cuenta de la expansión de la EBC durante el siglo XXI; narran también cómo una institución llega a una ciudad, dialoga con ella y termina por pertenecerle. Entre generaciones fundadoras, edificios que aprenden de quienes los habitan y comunidades que hacen suya una misma promesa educativa, Campus León y Campus Mérida muestran dos formas distintas de construir una historia común. En este artículo conocerás los hitos de su origen, la evolución de sus espacios arquitectónicos y cómo su comunidad ha impactado en la región.
Los respectivos aniversarios de Campus León y Campus Mérida nos invitan a contemplar, admirar y revisar nuestros logros en ambas sedes. Quince años en León y diez en Mérida son dos periodos de vida, dos procesos de arraigo y dos maneras de comprobar que un campus se funda y se refunda todos los días. Se funda cuando una estudiante cruza por primera vez la puerta y empieza a imaginar una vida profesional que todavía no existe; cuando un profesor vuelve experiencia compartida lo que hasta entonces era sólo conocimiento; cuando una familia deposita su confianza en la Escuela; cuando una empresa local encuentra en ella interlocutores, colaboradores y futuros profesionales; cuando los espacios dejan de ser nuevos porque la comunidad ya los ha llenado de rutinas, conversaciones, búsquedas, celebraciones y recuerdos.
Por eso, celebrar estos aniversarios significa volver al origen sin quedarse en él. Significa observar aquella primera promesa a la luz de todo lo ocurrido después.
Campus León (2011-2026): Historia y consolidación en el Bajío
La historia de Campus León puede comenzar con una imagen: un terreno baldío en Paseo del Juncal, un viernes nublado del 9 de julio de 2010. Allí se realizó la colocación simbólica de la primera piedra del noveno campus de la EBC. Para algunos de los presentes, el terreno representaba una obra por venir; para Luis Felipe Bedia Lozano, joven recién egresado de la preparatoria que había acudido con su madre, representaba al principio poco más que la nada.
Aquel muchacho inquieto, más inclinado a construir que a contemplar, escuchó hablar a quienes encabezaban el proyecto y comenzó a reconocerse en él. La coincidencia era poderosa: el campus y el estudiante estaban a punto de iniciar una nueva vida. Un año después, el 15 de agosto de 2011, Luis Felipe fue reconocido como alumno fundador de Campus León y formó parte de una generación que aceptó un riesgo singular: confiar en una institución con una larga historia, sí, pero en un campus sin historia propia todavía.
Toda generación fundadora vive esa paradoja. Recibe el respaldo de una tradición y, al mismo tiempo, debe inaugurarla en un lugar nuevo. Los primeros estudiantes de León ayudaron a crear una comunidad, prestaron sus voces a los pasillos, estrenaron las aulas, dieron sentido a la biblioteca, a los auditorios, al gimnasio y a los espacios de convivencia. Volvieron cotidiano lo que, pocos meses antes, sólo podía verse en planos y maquetas.
La llegada de la EBC a León respondía a una lectura precisa del Bajío: su dinamismo empresarial, su tradición productiva, el peso de la industria del calzado, su capacidad comercial y la creciente demanda de educación superior especializada. La Escuela llegó a una de las principales ciudades de Guanajuato para participar en ella mediante la formación de profesionales y el diálogo con los sectores educativo, empresarial y público.
Desde el comienzo, la relación con el entorno fue parte del proyecto. La construcción procuró respeto por los vecinos y por la ciudad; la selección de la planta docente buscó reunir experiencia, calidad y conocimiento de la región; y el campus empezó a acercarse al empresariado leonés y guanajuatense. La aspiración era clara: poner al servicio de la sociedad la excelencia, la historia y la especialización de la EBC, y permitir al mismo tiempo que León diera al campus una personalidad propia.
Quince años después, aquella primera piedra puede leerse de otra manera: es el punto de partida de una comunidad que ha dejado huella en la Escuela y en su ciudad. El terreno baldío se volvió lugar; la expectativa se volvió experiencia; la generación arriesgada se convirtió en memoria y antecedente de todas las generaciones que llegaron después.
Campus Mérida (2016-2026): Década de crecimiento e identidad en el sureste

Cinco años después del inicio de clases en León, la expansión de la EBC encontró otro horizonte en el sureste mexicano. Campus Mérida nació en 2016 como un nuevo punto de encuentro entre una institución dedicada a los negocios y una ciudad de identidad profunda, orgullosa de su historia y exigente con su porvenir.
En la presentación de su generación fundadora se escribió que la apertura había sido “un gran acto de amor por la vida que elegimos vivir, una vida dedicada a la educación”, y que había requerido trabajo, inteligencia, valor y un poco de locura. La frase conserva intacta su verdad. Toda fundación necesita método, recursos y planeación; pero necesita también una forma razonada de la audacia. Hace falta creer en una comunidad que todavía no se reúne, confiar en estudiantes que aún no se inscriben e imaginar los vínculos que sólo el tiempo podrá confirmar.
La llegada a Mérida fue planteada como el encuentro de dos voluntades: la de una sociedad que busca la mejor educación y la de una escuela que busca estudiantes a la altura de su excelencia educativa. La EBC se instalaba en una ciudad capaz de mirar el mundo desde valores hondamente arraigados y desde una memoria que reúne la grandeza maya de T’Hó, la ciudad virreinal y la Mérida contemporánea.
También aquí la generación fundadora tuvo una responsabilidad especial. Sus firmas, reunidas entonces como testimonio de pertenencia, formalizaban algo más que una inscripción: expresaban la aceptación de un compromiso recíproco.
La Institución asumía la misión de formar profesionales emprendedores, distinguidos por su saber, su hacer y su ser; los estudiantes asumían el orgullo y el deber de convertirse en impulsores de progreso, honestos y socialmente responsables.
El crecimiento confirmó muy pronto la confianza inicial. Cuatro años después de la inauguración, la amplitud de la demanda hizo necesario un nuevo edificio. El inmueble fue recibido el 15 de julio de 2020 y quedó listo para iniciar clases el 17 de agosto. Sin embargo, la pandemia impuso una espera inesperada: la operación presencial tuvo que posponerse y sólo pudo comenzar, de manera gradual, el 16 de agosto de 2021.
Ese episodio pertenece ya a la identidad del campus. La nueva sede estaba preparada para recibir a su comunidad, pero durante meses tuvo que existir como una promesa suspendida. Cuando las aulas comenzaron finalmente a poblarse, cada encuentro recuperado tuvo un significado que antes parecía innecesario explicar. Habitar un campus volvió a ser un privilegio visible: encontrarse, conversar sin mediaciones, compartir un espacio y reconstruir la vida académica cuerpo a cuerpo.
La primera década de Campus Mérida contiene, así, dos fundaciones: la apertura de 2016 y la reapropiación presencial del nuevo edificio después del aislamiento. En ambas, la comunidad hizo lo mismo: convirtió un proyecto en una familia y una sede en un lugar capaz de tocar vidas.
Cronología;
| Fecha | Evento | Campus |
| 9 de julio de 2010 | Colocación simbólica de la primera piedra en Paseo del Juncal. | León |
| 15 de agosto de 2011 | Inicio oficial de clases y reconocimiento de la generación fundadora. | León |
| 2016 | Apertura e inicio de clases de la generación fundadora. | Mérida |
| 15 de julio de 2020 | Entrega del nuevo inmueble para responder a la creciente demanda. | Mérida |
| 16 de agosto de 2021 | Inicio gradual de clases presenciales en el nuevo edificio. | Mérida |
Arquitectura que educa y aprende de su comunidad
La expansión de la EBC durante el siglo XXI ha producido edificios distintos unidos por una misma idea. Cada campus se inscribe en el tiempo, dialoga con la ciudad que lo recibe y recorre su propia historicidad, pero se suma a la historia común de la Institución. Campus León y Campus Mérida permiten ver con especial claridad ese proceso.
La arquitectura de los campus no busca imponer una forma idéntica en todas partes. Comparte un lenguaje y deja que ese lenguaje encuentre un acento local. Los elementos clave de su diseño contemplan:
- Claridad estructural y limpieza compositiva.
- Uso de materiales aparentes: concreto, metal, vidrio y madera.
- Aprovechamiento de la luz natural y la vegetación.
- Funcionalidad y espacios de encuentro.
Un edificio educativo cumple su propósito cuando deja de ser contemplado como objeto y comienza a ser usado como mundo. Las escaleras propician encuentros; los patios permiten que una conversación continúe fuera del aula; la biblioteca hace sitio al silencio; los auditorios reúnen a la comunidad; la transparencia de los muros y la entrada de la luz sugieren apertura. El espacio, sin pronunciar una sola lección, también educa.
Pero los edificios aprenden a su vez de sus habitantes. Cada generación modifica su significado. El aula que para unos fue escenario de incertidumbre se vuelve, años después, el sitio donde recuerdan haber descubierto una vocación; el pasillo anónimo adquiere nombre y memoria; un patio se asocia para siempre con una amistad, una ceremonia o una conversación decisiva. Así se cumple la arquitectura, cuando la vida misma empieza a interpretarla.
El impacto de León y Mérida en la EBC
León y Mérida, dos capítulos singulares de nuestra expansión geográfica, son respuestas particulares a lugares específicos. León expresa la energía industrial y empresarial del Bajío, su impulso productivo y su tradición de trabajo. Mérida enlaza el dinamismo contemporáneo del sureste con una memoria cultural de excepcional profundidad. Cada ciudad ha dado a su campus una manera distinta de estar en el mundo; cada campus ha procurado responder a las aspiraciones de su entorno.
Lo que las une es una promesa, que es la promesa de nuestra misión: formar profesionales emprendedores que se distingan en el ámbito de las organizaciones por su saber, por su hacer y por su ser. En ambas ciudades, la EBC se propuso formar personas capaces de actuar en la realidad: profesionales emprendedores que sepan, que hagan y que sean; mujeres y hombres preparados para generar progreso sin desprenderlo de la honestidad ni de la responsabilidad social.

Quince años de Campus León y diez de Campus Mérida permiten medir el alcance de esa promesa, pero sobre todo permiten reconocer a quienes la han sostenido:
- Estudiantes y egresados.
- Profesores y directivos.
- Colaboradores administrativos.
- Familias, organizaciones y aliados locales.
Porque si una institución puede diseñar un campus, sólo una comunidad puede darle continuidad y convertirlo en parte viva de la ciudad.
Celebrar es, por ello, agradecer. A la generación de León que se atrevió a mirar un terreno vacío y ver allí su futuro. A la generación de Mérida que stamped su firma en el comienzo de una historia. A quienes llegaron después y confirmaron que fundar es una tarea que se hereda.
También es mirar hacia adelante. Si algo enseñan estas dos historias es que la tradición de la EBC consiste en mantener vivo el espíritu de casi cien años de historia mediante la revisión, el aprendizaje y el cambio. Campus León y Campus Mérida fueron una promesa y hoy son realidades maduras, aunque, como bien se sugiere en nuestra visión institucional, una realidad educativa nunca está concluida. Cada nuevo ciclo vuelve a abrir las puertas; cada estudiante trae preguntas que antes no existían; cada generación obliga a imaginar otra vez el porvenir.
Los aniversarios cuentan el tiempo, pero son las comunidades las que le dan sentido. Y en León y Mérida la historia continúa, porque después de quince y diez años todavía hay puertas que abrir, espacios que habitar y futuros que construir.
Escrito por: José Agustín Aguilar Tagle

