Zacatecano de nacimiento (Fresnillo, 19 de abril de 1944), Rodolfo llega en 1947 con sus padres a la Ciudad de México, para instalarse en la colonia Nueva Santa María, que entonces era apenas un proyecto en ciernes, como también lo eran la Narvarte y Ciudad Satélite.

En 1963, a sus diecinueve años de edad, Rodolfo ingresa a la Escuela Bancaria y Comercial, por sugerencia del contador de la empresa en que trabajaba su padre (American Express), cuyas oficinas se encontraban, a propósito, en la calle de Niza.

A la mitad de la carrera, ya estaba trabajando como auxiliar de contabilidad en la empresa Contabilidades y Organizaciones. Más tarde, a punto de recibirse de su licenciatura, comenzó a trabajar con la representación en México de la Nippon Hoso Kyokai (Corporación Radiodifusora de Japón), primero como contador y luego como asistente de corresponsal. Y al titularse, en 1968, es invitado a colaborar en la planta de Vallejo de Procter & Gamble, donde se desarrolla profesionalmente, desde el puesto de auxiliar de contador hasta el cargo de Gerente de Grupo de Control Central, pasado por supervisor de turno en el Departamento de Empacado de Detergente, Gerente de Seguridad Industrial, Gerente de Reclutamiento y Selección de Personal, Gerente de Relaciones Laborales, Gerente de Relaciones Industriales y Gerente de Producción.

Su talento, su profesionalismo y su experiencia lo llevan a participar en múltiples conferencias, tanto en universidades mexicanas como en instituciones estadounidenses. Asimismo, esas mismas virtudes le permiten emprender un negocio de maquila de empacado.

Rodolfo recuerda con emoción y profundo cariño sus años de estudiante y a sus mentores: Alejandro Prieto, Raúl Niño Álvarez, Jiménez Olea, Miguel Gussiyie, Ángel Alvarado, Rodrigo Valle, María Eugenia Jiménez de López Aguado y Martha Verde, entre otros muchos profesores que forjaron con sus enseñanzas el alma y la mente del joven zacatecano.

Con su esposa, Rebeca Colón, procreó dos hijos: Rodolfo y Verónica, quienes, a propósito, estudiaron su bachillerato en la EBC. La maestra Ángela Regina Núñez Alonso, Coordinadora del Archivo Histórico de la EBC, nos platica en un artículo que una de las aficiones de Rodolfo es el coleccionismo y que comenzó su colección de máquinas de escribir y de contar al leer en un pasaje de Sistemas de Contabilidad, de su maestro don Alejandro Prieto Llorente, que la evolución tecnológica haría de esos prácticos artefactos una especie de armatostes obsoletos, los cuales acabarían extinguiéndose sin pena ni gloria.

Esta afición de coleccionista se enriquece con su apego a los recuerdos, y no porque rechace el presente: quienes tenemos la alegría y el honor de conocerlo en persona, sabemos que se trata de un hombre que vive los días con pasión y con profundo interés por las cosas de hoy. Su prodigiosa memoria parece entender, como lo entendió T.S. Eliot, que el tiempo presente y el tiempo pasado acaso estén presentes en el tiempo futuro, (que) tal vez a ese futuro lo contenga el pasado; (y que) si todo tiempo es un presente eterno, todo tiempo es irredimible. Por eso, acaso, Rodolfo escribió el libro Cómo olvidar, cómo no recordar, en cuyo título hay una clara pasión por una vida plena, como la suya, que construye la felicidad diaria de manera paradójica: fuera del tiempo y muy adentro de él.

A Rodolfo Pinedo Torres le gusta parafrasear a John F. Kennedy y decir, cada vez que se habla de su querida alma máter: “No te preguntes qué ha hecho la EBC. Pregúntate qué has hecho tú por la EBC”. Y Rodolfo es, precisamente, un hijo de la Escuela Bancaria y Comercial que ha contribuido de muchas maneras a hacer de nuestra institución una experiencia de vida que va más allá de sus paredes, de sus oficinas y de sus salones de clase, una institución que también está impactando y cambiando la vida con el reconocimiento y la preservación de su propia historia.

Si deseas conocer las máquinas que forman parte de la colección de Rodolfo Pinedo Torres, ingresa a: ebc.mx/maquinas