La diferencia conceptual entre ranking educativo y clasificación de instituciones educativas

El sustantivo ranc data de principios del siglo XIV y hace referencia a una fila o a una serie de líneas. Ya en el siglo XV, la misma voz comenzó a utilizarse específicamente para hablar de una fila del ejército, así que la conversión del sustantivo en verbo (to rank) dio por resultado la idea de “ordenar en filas” los elementos de un conjunto.

El sustantivo inglés (ranc) y el sustantivo español (rango) provienen claramente del renc francés (rang en francés moderno). Vuelto verbo, to rank es dividir en especies o tipos un universo específico: asignar a cada elemento un rango, clasificarlo.

Hay voces que están asociadas etimológicamente con el concepto del ranking (clasificación): el cuadrilátero de boxeo (ring), donde se aísla a dos personas para que compitan a golpes; y el rancho (del verbo francés ranger que significa guardar, arreglar u ordenar, en el sentido de poner en regla o en orden ciertas cosas), varias de cuyas acepciones coinciden conceptualmente con la definición de ranking: aunque el uso más común de rancho es el de quinta de poca extensión o granja donde se cría ganado, María Moliner registra un uso peculiar de la palabra: Hacer rancho aparte significa reunirse en grupo, separándose del resto de la gente.

Por otro lado y como bien señala el sociólogo Roberto Rodríguez Gómez, el uso del vocablo ranking acaso elude el significado de la palabra clasificación (acción de separar o diferenciar tipos de objetos): “…cuando se habla de ranking universitario se sabe (…) que se trata de una lista de posiciones en la que aparecerán, por orden de importancia, los nombres de las instituciones que han sido calificadas; en cambio, la denominación clasificación de instituciones educativas trae a la mente un catálogo organizado por tipos institucionales”.

El mismo académico advierte que la búsqueda de “la mejor institución educativa” no es nueva, sino que se remonta al ocaso de la baja Edad Media: “En aquel contexto era frecuente que los estudiantes y también los maestros emprendieran auténticos periplos en búsqueda de las mejores condiciones para su desarrollo profesional. El término peregrinatio academica describe justamente este fenómeno”.

Un ranking, explica Carlos Pérez Rasetti, es una lista ordenada jerárquicamente en la cual el orden es el resultado de una operación de evaluación efectuada de acuerdo a un modelo teórico compuesto por una serie o batería de indicadores y su ponderación. Hasta aquí, el ejercicio resulta interesante. Sin embargo, surge una pregunta. ¿Quién y cómo asigna valores a los datos recabados de las instituciones concursantes? La experiencia nos da una respuesta inmediata: no sólo en México sino en todo el mundo, los valores de un ranking son asignados desde una definición subjetiva de calidad. Citemos de nuevo a Pérez Rasetti, especialista en Educación Superior:

La calidad no existe en la naturaleza (y) no la vamos a descubrir mediante una investigación; es un constructo* y por lo tanto un sentido que depende de la operación semiótica de selección y articulación de sus elementos. La búsqueda de la calidad es más parecida a una “búsqueda del tesoro” que a una investigación. No vamos a encontrar nada que nosotros mismos no hayamos puesto antes ahí.

*En psicología, llámase constructo a cualquier entidad hipotética de difícil definición dentro de una teoría científica. Un constructo es algo de lo que se sabe que existe, pero cuya definición es difícil o controvertida. Los constructos no son empíricos, es decir, no pueden demostrarse.

Fuentes citadas
Rodríguez Gómez, Roberto. Rankings universitarios, ¿un obscuro objeto del deseo?, 16 de noviembre de 2006, robertorodriguezgomez.blogspot.mx
Pérez Rasetti, Carlos. El marketing pretencioso de los rankings de universidades, Revista Iberoamericana de Ciencia, Tecnología y Sociedad, www.revistacts.net