Juan Carlos Sabines Zoydo
Profesor Distinguido 2019

“Siempre respiré en casa un ambiente de contadores orgullosos de su profesión.”

La vida está compuesta por cadenas engarzadas de acontecimientos que se explican entre sí y que se definen como afortunadas casualidades, como milagrosas coincidencias o como lo que en realidad son: un concierto congruente de causas y efectos.

En cualquier caso, la composición de esas cadenas revela el germen de nuestra propia existencia, porque el nacimiento de cada individuo es el resultado sorprendente de una compleja operación que se alza ante nuestros ojos con la apariencia de una sinfonía cósmica escrita y ejecutada para darnos el ser.

La reflexión anterior asalta nuestra mente al observar la sonrisa franca de Juan Carlos Sabines Zoydo, cuya alegre revelación nos sorprende: ¡Pues resulta que yo soy hijo de la Escuela Bancaria y Comercial! Mis padres se conocieron en ella, es decir, en los patios y los salones del desaparecido edificio de Reforma 202, a mediados de los años 50.

Cuando el joven tuxtleco Carlos Manuel Sabines Venegas, estudiante de Contaduría Pública, fue conquistado por la belleza y la dulzura de la señorita Carmen Zoydo Crespo, también estudiante de dicha carrera, comenzó en la Ciudad de México una historia de amor que tendría a La Bancaria como uno de sus escenarios principales y que, además y para colmo de bienes, suscitaría consecuencias felices cinco años después de haber concluido ambos sus estudios: el lunes 16 de octubre de 1962 nació su hijo Juan Carlos, quien viviría sus primeros años en un entorno propicio a dejarse seducir por la profesión de sus padres.

-Ellos siempre mantuvieron una relación muy bonita con sus compañeros de generación: se juntaban una vez al año. ¡Y yo respiraba en casa ese ambiente de contadores orgullosos de su profesión!

Así que, con esa misma naturalidad, el joven Sabines eligió el estudio de la Contaduría Pública para su educación superior, aunque en realidad ingresó a la EBC en 1980, para cursar la preparatoria.

Vamos a guardar este día entre las horas, para siempre, escribe al principio de uno de sus inolvidables poemas el inmortal Jaime Sabines, tío abuelo de nuestro profesor, quien desde la infancia abrevó de la cultura familiar, a la vez que fue contagiado de gozo por la poesía y la novela: nos revela el profesor Sabines que le gusta mucho el Gonzalo Celorio de Amor propio, el Aguilar Camín de Las mujeres de Adriano, el John Kennedy Tool de La conjura de los necios y todo Gabriel García Márquez. Lee poesía, por supuesto. Conoce muy bien la obra de Jaime Sabines, aunque en realidad a él lo leyó hasta la adolescencia:

-Mi gusto por la lectura brotó en la casa y se robusteció en la preparatoria, donde tuve la fortuna de ser discípulo del maestro Miguel Gussinyé. Primero, conocí a Pablo Neruda, a Rabindranath Tagore, a Antonio Machado (gracias a Joan Manuel Serrat, cuyo álbum dedicado al poeta español me cautivó desde muy joven), a León Felipe, a Miguel Hernández (también vía Serrat); y luego, más tarde, conocí a Sabines, al poeta. Antes, durante mi niñez, mi tío abuelo era simplemente mi tío abuelo, el hombre amoroso, el hombre sonriente, el hombre encantador. Después, durante mi primera juventud, descubrí al poeta; y luego, habiendo yo terminado la carrera, me convertí en su contador, hecho que me causó siempre un placer muy especial y que me trae hermosos recuerdos... ¡Hacerle cuentas mundanas a un hombre que nos prodigaba versos celestiales!

Repitamos el verso del poeta (Vamos a guardar este día entre las horas, para siempre) y seamos eco de su voz eterna, porque es con este espíritu de preservación en la memoria que hoy celebramos las virtudes de un hombre necesario, nuestro querido y admirado profesor Sabines, cuya estampa es la de un caballero sereno, vigoroso, satisfecho, agudo e ingenioso, capaz de reírse de sí mismo:
-De niño, por ser moreno y de ojos verdes, me decían el aguacate pellizcado.

Celebremos, pues, la eminencia de nuestro homenajeado, pero sobre todo la altura alcanzada en una de sus vocaciones, la docencia. Tracemos su figura:profesor, preceptor, educador facilitador, faro académico en un mundo donde la experiencia vasta y el conocimiento profundo deben seguir siendo, como lo han sido hasta ahora, las voces consejeras de las nuevas generaciones, al menos en las instituciones de educación superior que, como la EBC, se precian de contar con evidentes ejemplos de excelencia académica.

Nacido en la Ciudad de México, Juan Carlos Sabines Zoydo es Licenciado en Contaduría Pública por la Escuela Bancaria y Comercial (Generación 1987); diplomado en Derecho Tributario por el Instituto Tecnológico Autónomo de México; con la Especialidad en Impuestos de su misma alma máter (EBC) y la certificación del Instituto Mexicano de Contadores Públicos.

En 1996, se integró como miembro supernumerario a la Academia Mexicana de Derecho Fiscal, y forma parte de la Comisión Fiscal de la Cámara Nacional de Comercio de la Ciudad de México.

Al terminar la carrera, don Rodolfo Quintana Rocha invitó al joven Juan Carlos a ser su maestro adjunto. Al año siguiente, el entonces Director Académico de la EBC, el ingeniero Enrique Zepeda Cepeda, le propuso dar clases como titular, noble tarea que realiza desde 1988 y hasta la fecha...

-En agosto de 2018 cumplí treinta años como profesor de nuestra institución. Sin embargo, hay que sumar a esa cifra mis siete años como estudiante de la EBC (vocacional y licenciatura) y un año de profesor adjunto, así que tengo 38 años de vivir dentro de la Institución.

Contador Público Certificado, el profesor Sabines Zoydo ha impartido diversas materias a lo largo de su historia docente: Régimen Fiscal de la Banca en México, Estudio Contable de Impuestos, Legislación Fiscal y Efectos Fiscales y Contables del Contrato de Seguro, entre otras. Actualmente, es profesor titular de los módulos de Impuesto sobre la Renta, Personas Morales y Práctica de Impuestos Federales dentro de la Especialidad en Impuestos de nuestra Escuela de Graduados.

-La Contaduría Pública no es, como se cree, una profesión fría ni los contadores somos gente cuadrada. ¡Al contrario! Formamos parte de un mundo donde la relación humana es fundamental para alcanzar los objetivos de confianza y tranquilidad que buscan las personas y las organizaciones, tanto en sus finanzas como en sus obligaciones fiscales.

Desde 1986, Sabines Zoydo es socio del despacho Zoydo Sabines y Moreno, fundado años antes por su madre, Carmen Zoydo Crespo (q.p.d.). En él, Juan Carlos está encargado del área fiscal-legal. Antes y desde muy joven, trabajó en la compañía Prieto Ruiz de Velasco, en el área de Auditoría...

-Mi primera intención fue conseguir trabajo en Mancera e Hijos (antes de que este despacho se integrara a la compañía Ernst & Young, en 1989), porque el despacho estaba muy cerca de la EBC (Niza y Reforma). Sin embargo, en Mancera no tenían área de Auditoría, que era lo que a mí me interesaba, así que decidí presentarme en el despacho fundado en 1944 por don Alejandro Prieto Llorente y don Luis Ruiz de Velasco, donde fui aceptado y tuve la fortuna de colaborar al lado del contador Francisco García y García, miembro de la generación 1944 de La Bancaria. En términos profesionales, don Francisco fue un segundo padre: me enseñó, me cuidó y me protegió. Reconozco su legado en mi saber, en mi hacer y en mi ser. Trabajé con él hasta el momento de su muerte, y siempre lo recordaré con cariño y agradecimiento.

Juan Carlos Sabines camina por la vida con pasión, pero buscando siempre la paz; rige su conducta con los atributos del respeto, la honestidad, la fidelidad, la solidaridad y el compañerismo.

La clave del éxito en la vida -afirma nuestro personaje- es hacer lo que a uno le gusta. Si uno hace las cosas sólo por dinero, entonces vienen los conflictos existenciales, emocionales e incluso físicos. ¡No me interesa en el futuro ser el más rico del panteón! En cambio, si hacemos las cosas por gusto y nos pagan por hacerlas, nuestra existencia se desarrolla de manera armónica y con fuertes dosis de felicidad cotidiana. Y la felicidad, sepámoslo de una vez, no es un fin sino un principio.

Por todo lo anterior y por ser una reconocida autoridad profesional, académica y moral capaz de dibujar en sus acciones lo que fuimos, lo que somos y lo que seremos, la EBC se honra en nombrar Profesor Distinguido 2019 al maestro Juan Carlos Sabines Zoydo, brillante inspiración de nuestra comunidad y modelo a seguir por las nuevas generaciones.

PROFESOR DISTINGUIDO 2019 CEREMONIA DE NOMBRAMIENTO
Pasajes relevantes
Doctor Carlos Prieto Sierra



Frecuentemente, al platicar con nuestros alumnos, obtengo información importante de su sentir, y puedo afirmar que el mayor atributo que percibe la comunidad estudiantil se resume en una frase: la calidad de sus profesores.

A lo largo de su vida, Juan Carlos ha demostrado que él, como persona, ha caminado a la par del conocimiento, ya que no sólo ha sido capaz de contar con los conocimientos que sus labores docentes requieren, sino que, además, se ha esmerado de manera sustantiva para impartir sus sapiencias en diferentes áreas del saber.

A lo largo de su trayectoria profesional y docente, el profesor Sabines ha confirmado el hecho de contar con el perfil y la disposición para no solamente impulsar su propio progreso sino también para apoyar a quienes han tenido la oportunidad de estar cerca de él, beneficiándose de su hacer.

Además, nuestro homenajeado ha mostrado siempre un comportamiento intachable y en todo momento ha mantenido un profundo respeto por su entorno social, cultural y natural, distinguiéndose así por su ser.



Don Carlos Manuel Sabines Venegas


Alabanza en boca propia es vituperio, decían los antiguos, y aquí, en ese sentido, me siento en una delgada hoja en la que se hace fácil decirlo y sostenerlo a carta cabal, sin ambages y sin caer en ese fangoso piso de llenarme la boca de orgullo mal contenido.

Juan Carlos, en la memoria de mis padres, tus abuelos, te bendigo. Deseo que sigas siendo el hijo que has sido, buen padre de familia, buen hermano y amigo de tus amigos (saludo a María del Carmen). Que continúes siendo el profesionista y profesional aplicado, tal y como te has desarrollado y como has evolucionado. Que mantengas tu trayectoria independiente para ser un estudiante profesional de avanzada.

Hijo, que Dios te bendiga y me permita, aunque el tiempo es mi adversario, atestiguar los progresos en tu vida, siendo lo que siempre has sido, un hombre de bien, comprometido socialmente con tu familia, con tus compañeros en tu viaje profesional, en el desempeño de tu vida en general.

Todos sabemos que éste no es un mundo perfecto, en el que es muy discutible la existencia del mundo feliz del británico, pero ello no impide que haga un ejercicio de deseos e intenciones que atañen a tu devenir por la vida.

Agradezco, con doble emoción a la Escuela Bancaria y Comercial por su generosidad y bonhomía; por habernos dado a tu madre y a mí, la posibilidad de ser mujer y hombre de bien (y quiero pensar, en mi caso, un hombre comprometido con mi tiempo y la responsabilidad que me corresponde).



C.P.C. Juan Carlos Sabines Zoydo


Soy hijo, alumno y profesor de la Escuela Bancaria y Comercial. Me considero hijo de la Escuela, ya que mis padres se conocieron en ella, como estudiantes de la carrera de Contador Público de la generación 1954-1957; también soy padre, ya que en esta institución conocí a la madre de mi hijo.

Ya que hablo de mis padres, considero importante mencionar que el nombre de mi padre aparece en el Muro de Honor de la EBC dedicado a los alumnos de excelencia académica. Además, él y mi madre fueron maestros de esta querida escuela, mi reconocimiento y amor para ellos.

Cada vez que me preguntan: ¿Cuándo saliste de la escuela?, emulo a don Vicente Romero Said y contesto: No he salido, sigo en ella, con mucho gusto y orgullo.

No tuve el honor de ser su alumno de don Vicente Romero Said, pero lo soy de facto y me he dispuesto a aprender de él todo el tiempo.

Quiero mencionar a don Francisco García y García, quien también fue profesor de la EBC y a quien considero como un segundo padre. Tuve el honor de acompañarlo y aprender de él durante los últimos treinta años de su vida. Dedico este reconocimiento a don Pancho.

Cierto día, don Rodolfo Quintana, en aquel entonces Jefe del Departamento Académico de Impuesto, me pidió que asesorara una tesis. Apenas comencé a leerla, me enfrasqué en correcciones, tanto de estilo como de gramática y ortografía. Cansado, después de diez hojas, mandé llamar a mi oficina al estudiante, para decirle que su tesis no podía leerse.

¿Qué hago, maestro?, me preguntó. Yo, debo reconocerlo, medio molesto, le dije: ¡Pues vaya a la escuela a que se la corrijan!, aunque nunca pensé que seguiría mi irritada recomendación. Dos semanas después, al recoger las listas de asistencia de los alumnos, me topé con mi maestro don Miguel Gussinyé. Lo saludé y le pregunté cómo se encontraba. ¡Muy mal, hijo! –me respondió con aflicción-. No sé qué diablo me mandó a un tonto para que le corrigiera la tesis. A lo que contesté: Lo de tarugo, estoy de acuerdo; lo otro no, maestro, porque fui yo.