José Antonio
Maxil Silva

Profesor Distinguido 2018

“Saber diagnosticar, saber decidir y saber dirigir, la clave del éxito en todo proyecto humano.”

La historia de cada ser humano es un viaje que comienza y termina en sí mismo. Nos alejamos de nosotros para encontramos en los otros y convencernos de que algún día hallaremos, mediante el diálogo permanente, el verdadero ser. Sin embargo y aunque nuestra esencia es el devenir (no somos, sucedemos, toda nuestra vida es tránsito y evolución, nunca estación), en ocasiones conviene hacer un alto en el camino, tanto para respirar y reflexionar sobre lo andado como para conocer y reconocer a alguno de los viajeros que nos acompañan en las excursiones de la existencia compartida.

Sirvan, entonces, estas páginas como rellano de reflexión y como homenaje al maestro José Antonio Maxil Silva, licenciado en Ingeniería Química por la Universidad Autónoma de Puebla, con Maestría en Alta Dirección (con especialidad en Mercadotecnia), otorgada por la Escuela Bancaria y Comercial, donde el compromiso con la excelencia educativa alcanza su máxima expresión en aquellos profesores que se han destacado en la profesión y en la enseñanza, tanto por sus logros y su significativa contribución al proyecto educativo de la EBC como por ser ejemplo y reflejo vivo de nuestros Principios Institucionales.

Con el propósito de subrayar la relevancia de su trayectoria, visitamos Campus Toluca a mediados de diciembre pasado y charlamos con el maestro Maxil Silva sobre su vida, su familia, sus experiencias profesionales, su pensamiento y su aventura educativa, la que ya suma treintaidós años de labor inagotable, impartiendo diversas materias relativas a la administración y la mercadotecnia, tanto en la Universidad Autónoma de Puebla (de 1985 a 1990) y en la Escuela Bancaria y Comercial (desde 2007) como en la Universidad Autónoma del Estado de México (desde1985).

José Antonio Maxil Silva cuenta con cuarenta años de experiencia profesional: ha ocupado puestos directivos y gerenciales, a la vez que ha participado en servicios de consultoría y en proyectos de inversión, todo ello en múltiples áreas: ventas, mercadotecnia, operaciones, capital humano, reingeniería organizacional, etcétera. Actualmente y desde hace diez años, es Socio Consultor e Instructor en Grupo Infinito.

Nacido en la ciudad de Puebla de Zaragoza, José Antonio fue un niño de carácter tranquilo que tuvo en sus padres un alto modelo de esfuerzo e integridad…

Después de varios años de trabajar de empleado en una fábrica de dulces, mi padre decidió crear su propio negocio y ofrecer servicios como mecánico de sinfonolas. Pero no sólo instaló un pequeño taller de reparación, sino que también decidió acudir a los establecimientos, tanto de la ciudad como de los municipios cercanos, para arreglar estos equipos e incluso para expandir el mercado. Ahí donde no había sinfonolas pero sí necesidad de diversión, llegaba don Guillermo Maxil Hernández (El Maestro Memo, como se le conocía) con máquinas nuevas y modificaba el ambiente acústico de fondas, fuentes de sodas, cafeterías, cantinas, pulquerías y alguna que otra miscelánea.

Los servicios del señor Maxil tuvieron gran demanda y mucho éxito, a tal punto que amplió su oferta al arreglo e instalación de artículos domésticos, junto con doña Francisca Silva Matamoros, quien fue contratada por su esposo para determinadas labores de apoyo en la reparación de electrodomésticos (planchas, licuadoras, batidoras). Con ese negocio, el matrimonio Maxil Silva pudo dar educación a sus seis hijos… ¡y los seis estudiaron carrera universitaria! José Antonio eligió Ingeniería Química.

El ingeniero químico no es, como a veces se piensa, un ratón de laboratorio: hay muchas áreas de la administración que están íntimamente vinculadas con las ciencias. En mi caso, como maestro de la Facultad de Química de la Universidad Autónoma del Estado de México y gracias a mi experiencia laboral y mis estudios de posgrado (cursados en la EBC), me corresponde impartir Competencias Gerenciales, Desarrollo Organizacional y Administración de Operaciones. ¡Porque la administración es universal, se aplica en todos los aspectos de la vida!

José Antonio fue formado tanto en el deseo de progreso y mejora en la calidad de vida como en la búsqueda empeñosa de los satisfactores que dignifican la existencia de todo ser humano. Sin embargo, esa formación en el trabajo honrado no se limitó a la aspiración del crecimiento personal sino que se extendió al anhelo de prosperidad colectiva, que además fue pulimentado con la práctica diaria de la responsabilidad, esa carísima virtud que fortalece la independencia y que forja el carácter.

La coincidencia de nombres vinculados con la Escuela Bancaria y Comercial en el mundo empresarial siempre es motivo de orgullo y muy buen argumento para demostrar, con ejemplos contundentes, el cumplimento de nuestra misión. Recordemos que Mexichem, empresa líder en la industria química y petroquímica latinoamericana, fue creada por don Antonio del Valle, ex alumno de la EBC e integrante del Consejo Consultivo de nuestra institución. Esto no es de sorprender. A lo largo de nuestra historia educativa, siempre se han cruzado vidas y se han trazado existencias paralelas…

- En 2002, habiendo fundado con un grupo de amigos un despacho de consultoría, fuimos invitados por el -Director de Planeación de Mexichem a conversar sobre el futuro de la empresa y a compartir nuestros conocimientos, tanto administrativos como técnico-científicos. Pero no fue sino hasta 2007 cuando supe que don Antonio del Valle, dueño de Mexichem, había estudiado en la Escuela Bancaria y Comercial, hecho que me alegró y que reforzó en mi entonces incipiente cariño por la EBC el orgullo de colaborar como profesor en una gran institución educativa.

Al amor a su profesión y a la docencia, José Antonio Maxil Silva suma dos pasiones que lo han acompañado toda la vida. Por un lado está el futbol americano (es seguidor de los Green Bay Packers, pero recuerda con mucho cariño a Los Venados del Centro Escolar Niños Héroes de Chapultepec, a quienes iba a ver jugar los domingos en la Puebla de los años sesenta). Y por otro lado está el comercio…

Mi abuela tenía una mercería donde vendía hilos, botones, agujas, dedales, bordados, encajes, bastidores de aro, cierres, muchas cosas. Los fines de semana, yo la acompañaba para atender el mostrador. Desde esos primeros años de mi vida me entró el gusto por los conceptos de cliente y consumidor, por la venta misma, en particular por la venta al menudeo.

A la mitad de sus estudios universitarios, el joven José Antonio ya ansiaba realizar prácticas profesionales, así que habló con sus padres y les dijo que el ocio de las vacaciones lo hacía sentirse improductivo y que necesitaba su aquiescencia para buscar trabajo. Así, con la autorización paterna, Toño (como lo llama la familia) se presentó en Primex, donde fue inmediatamente aceptado. Esta empresa era entonces el productor principal de resinas de PVC en México y en América Latina (en 2004, fue adquirida por Camesa, el antecedente inmediato de Mexichem), y en ella desarrolló sus primeras experiencias administrativas: manejo de personal, organización, dirección, motivación…

El término ¨liderazgo¨ aún no se utilizaba en las empresas; pero lo cierto es que tuve que aprender a ser líder frente a equipos de obreros que me duplicaban la edad.

La excelencia de sus estudios se fortaleció con una beca otorgada por la ONU para estudiar Tecnología de Plásticos en Argentina, y estas nuevas credenciales académicas le abrieron las puertas de diversas organizaciones, que lo buscaron para sus respectivas gerencias de proyectos. Entre esas empresas interesadas en su conocimiento y en su capacidad de liderazgo, apareció Unilever México (en aquel entonces Productos de Maíz, S.A. de C.V.), que lo invitó a colaborar en la ciudad de Toluca. Pero otras compañías lo seguían buscando, así que aceptó colaborar en Polioles, que elabora y comercializa una extensa gama de productos de la petroquímica. Luego vino Resistol, donde José Antonio comenzó a ver la administración desde la perspectiva de los negocios.

Mis decisiones y mis logros son, sin duda, fruto de los principios, los valores y las aspiraciones de mi formación familiar. Y necesité mucha fuerza y mucha entereza para asumir los riesgos del cambio (que incluía dejar Puebla y mudarme con la familia a Toluca). Porque en aquel entonces aún era mal visto el cambio constante de trabajo: el arrojo profesional se veía muchas veces como un gesto de inestabilidad. Sin embargo, el tiempo me dio la razón: había tomado una buena decisión al aceptar colaborar en Resistol, donde comencé a hacer antigüedad y a manejar los conceptos que hoy son comunes en los ámbitos de la administración: logística, sistemas de manufactura, sistemas de planificación de recursos empresariales, etcétera.

José Antonio Maxil Silva entró al mundo de la docencia en 1985, cuando un amigo le comentó que la Facultad de Química de la Universidad Autónoma del Estado de México estaba buscando un experto para impartir la materia de Administración de Proyectos. Aceptó encantado, pues consideró la invitación como una oportunidad para compartir con los jóvenes su experiencia:

Siempre es necesario confrontar la teoría con la realidad. Esto, incluso, no es sólo un paso ineludible del método científico, sino su esencia misma: observar de manera sistemática, medir, probar, formular a partir de los hechos, analizar y corregir nuestra hipótesis con base en el conocimiento empírico. ¡Y la UAEM me abría sus aulas para hablar de ello! Acepté, por supuesto, porque siempre quiero dar mi testimonio profesional y ofrecer mis vivencias como empresario y como emprendedor, para que las nuevas generaciones abreven de quienes ya fuimos y ya volvimos (y seguimos yendo y seguimos regresando, con nuevas aventuras que contar). Porque si la vida consiste en aprender de los errores, la educación tiene como tarea lograr que los errores no se repitan. Pueden surgir nuevos problemas y podemos caer en nuevos errores; pero si uno de mis estudiantes tropieza con un bache de las generaciones anteriores, debo entender entonces que yo no supe advertírselo o que él no supo escucharme. Lo mismo hago con mis clientes, me comporto con ellos con espíritu docente: detecto la necesidad, invito al trabajo conjunto, distribuyo las tareas, me incluyo en su cumplimiento, determino un plazo para satisfacer la necesidad; llegado el plazo, verifico que la necesidad haya sido satisfecha enteramente, es decir, me cercioro de que el cliente no vuelva a contratarme para lo mismo. ¡Que me contrate para otra necesidad, pero no para la misma! El cliente, como el estudiante, debe seguir solo. Mi propósito de vida (como maestro y como ser humano) es ayudar a las personas que me rodean a alcanzar sus sueños. ¿Cómo? Compartiendo mis conocimientos y mis experiencias.

En 1991, la empresa Reichhold Chemicals Incorporated ofreció al maestro Maxil Silva un puesto de Mercadotecnia y Ventas para América Latina, cargo que aceptó. Sin embargo, la empresa tenía sus oficinas en la colonia Industrial Vallejo de la Ciudad de México, hecho que dificultaba a José Antonio seguir dando clases en la UAEM, Afortunadamente, años más tarde, en 2001, pudo regresar a dar clases a esa misma casa de estudios, y fue un amigo, el maestro Mario Alberto Esquivel, quien le comentó que la Escuela Bancaria y Comercial estaba por abrir un nuevo campus en la ciudad de Toluca. No lo pensó dos veces. Hoy han pasado ya diez años de haber aceptado la invitación de la EBC y el maestro Maxil Silva es, sin duda, uno de los referentes básicos en la historia de nuestra institución.

Yo no veo la docencia como trabajo sino como un compromiso de vida y como una pasión. Me gusta llegar a las 6:50 de la mañana, diez minutos antes de comenzar la clase, para charlar un rato, de manera informal, con algún alumno, para dialogar, para interactuar, porque eso me nutre intelectual y emocionalmente. Además, me encanta iniciar puntualmente la clase de las 7:00 a.m.:

José Antonio atiende su negocio de consultoría e imparte clases en la EBC y en la UAEM, a la vez que vive a sus amigos y a su familia con la intensidad y la profundidad de un hombre amoroso de los suyos y apasionado de la vida. ¿Cómo logra cumplir con todas sus labores y con todas sus pasiones? ¿Cómo logra equilibrar tiempos y espacios? La respuesta es casi una receta para mantener la salud

Mis alumnas y alumnos me abastecen de energía, me vigorizan, son el mejor tónico que puedo obtener. Sumo a ello, claro, el ejercicio diario, la buena alimentación y el encuentro frecuente con la familia y los amigos.

La familia es el eje motor, es la clave de la sociedad: cohesiona, aglutina, fortalece, y en la EBC reproducimos ese esquema, buscamos siempre dar a la comunidad escolar la consistencia de la familia.


Ya mencionamos dos pasiones en la vida del maestro Maxil Silva (el futbol americano y la mercadotecnia). Señalemos otras: es un lector consuetudinario, un melómano refinado y un gourmet que no se conforma con degustar la gastronomía de otros, sino que él mismo hace de su cocina un taller de creación, con pastas, carnes y productos del mar.

En cuanto a su filosofía como maestro y como consultor, José Antonio resume el éxito de cualquier proyecto humano en lo que él llama Las Tres D: diagnóstico, dirección y decisión. Primero hay que observar el entorno y estudiarlo, para encontrar el problema. Después hay que saber dirigir los esfuerzos, pero recordando que hoy las personas no se sienten cómodas siendo conducidas sino acompañadas (la dirección debe hoy despojarse de actitudes de control para revestirse de liderazgo). El tercer lado de este triángulo virtuoso es la capacidad de encontrar el mejor camino y el talento para decidirse a tomarlo.

Por todo lo anterior y por ser una reconocida autoridad profesional, académica y moral capaz de dibujar en sus acciones lo que fuimos, lo que somos y lo que seremos, la EBC se honra en nombrar Profesor Distinguido 2018 al maestro José Antonio Maxil Silva, brillante inspiración de nuestra comunidad y modelo a seguir por las nuevas generaciones.