PENSAR EN OTRO MUNDO
Icono ventana

Agustín Aguilar Tagle

Aprender a hablar es aprender a traducir. Octavio Paz

El fenómeno al que se refiere Teodoro Roszak en su libro El nacimiento de una contracultura (1969) parece estar constituido por tres posiciones específicas, cada una de las cuales ha generado diversas actitudes e incluso muchas acciones: pacifismo, reconciliación con la naturaleza y búsqueda de nuevas formas de percibir la realidad (Aldous Huxley y Timothy Leary, por ejemplo).


¿Qué ha sucedido con cada una de tales posiciones?

El pacifismo ya es parte de los valores dominantes (sigue pendiente la paz), el mundo corporativo navega con banderas de responsabilidad social y el narcotráfico es “el gran negocio” de las últimas décadas. ¿Dónde está, entonces, la contracultura? ¿Hay contracultura?

¡Sí! Sí hay una manifestación contracultural cuya práctica es un acto subversivo de proporciones inimaginables pero esperanzadoras: en nuestro caso, el hecho de hablar y escribir en español.

El teólogo alemán Friedrich Schleiermacher (1768-1834), padre de la hermenéutica moderna, afirmaba en los albores del siglo XIX algo que se adelanta a una conocida proposición de Ludwig Wittgenstein (Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo*) y que hoy puede servirnos como consigna contracultural:

“Todo ser humano está, por un lado, en poder de la lengua que habla; él mismo y todo su pensamiento son fruto de ella. No puede pensar, con completa concreción, nada que se halle fuera de los límites de ella; la forma de sus conceptos, la naturaleza y los límites de sus posibilidades de combinación le vienen predeterminados por la lengua en la que ha nacido y en la que se ha educado; la razón y la fantasía se hallan determinadas por ella. Por otro lado, sin embargo, todo ser humano que piense de forma independiente, y que posea autonomía intelectual, a su vez, también forma la lengua (…). En este sentido, pues, es la activa energía del individuo la que crea (…) nuevas formas en la dúctil materia de la lengua…”

Hablar y escribir en español es explorar en lo profundo y en lo alto de nuestra mente, para hallar en sus simas y en sus alturas el paraíso perdido (que es, para el pensamiento moderno, la nostalgia del futuro). Hablar y escribir en español es percibir nuestra realidad en toda su desnudez. Hablar en español (pero en toda su exuberancia, con toda su riqueza y entre toda su frondosidad) provocará, más temprano que tarde, la urgencia colectiva de tomar el poder colectivamente y contarnos nuestra propia historia. **

Hoy, más que nunca, México tiene muchas maneras de fortalecerse. Hoy, mejor que nunca y gracias a los puentes tecnológicos que se elevan sobre casi todas las fronteras, tenemos muchas formas de ofrecer al mundo entero nuestra cultura polifacética, nuestro pensamiento diverso, las peculiaridades de nuestro tejido social y nuestra vida entera. Una de ellas es, sin lugar a dudas, el uso digno y gozoso del español, lengua con la que construimos una visión del mundo y con la que abrimos pasillos gloriosos hacia otros universos, tanto internos como externos, universos que a su vez forman un conjunto de vasos comunicantes para seguir, como siempre, alimentando la existencia con otras realidades lingüísticas igualmente vivas y pletóricas.

Decía Jacques Lacan en uno de sus seminarios que las palabras llegan cuando algo nos hace falta en la realidad. Si esto es cierto, hay que advertir que la merma del lenguaje en el siglo XXI (y negación es reducción) no significa necesariamente que nos haga falta un menor número de cosas, sino que tal vez hemos perdido la capacidad de reconocer el vacío y que nos movemos en un mundo empequeñecido. Y la mengua de la realidad, dice Dostoievski (con mejores formas), es la disminución trágica del espíritu.

*La proposición citada es la 5.6 del Tractatus lógico-philosophicus (1921): Die Grenzen meiner Sprache bedeuten die Grenzen meiner Welt. La contundencia de esta proposición eclipsa frecuentemente la proposición siguiente (5.61), que es igualmente luminosa e inquietante: La lógica llena el mundo. Los límites del mundo son también sus límites. / No podemos, por consiguiente, decir en lógica: en el mundo hay esto y esto, aquello no. / En efecto, esto supondría, aparentemente, que excluimos ciertas posibilidades; y ello no puede ser el caso, porque, de otro modo, la lógica tendría que rebasar los límites del mundo: si es que, efectivamente, pudiera contemplar tales límites también desde el otro lado. / Lo que no podemos pensar no lo podemos pensar; así pues, tampoco podemos decir lo que no podemos pensar.

**No se piense, sin embargo, que estamos proponiendo el monolingüismo chovinista y xenofóbico. Quien esto escribe está convencido de que hablar y escribir en más de una lengua agudiza la percepción de la realidad. Lo que aquí proponemos es que el multilingüismo se dé sobre la base sólida de la lengua madre.