MADRID, GLORIA DE CIELO
… Y BENDICIÓN DE SOL

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Demetrio Gómez S.*

¡Deberías venir aquí!, escribe el periodista José Mora Guarnido, desde Madrid, a su amigo Federico García Lorca en 1919, y le sugiere que le diga a su padre que al mandarlo a la capital le haría más favor que con haberlo traído al mundo.

Y eso hizo el joven poeta: obtener la autorización de sus padres, dejar Granada y continuar sus estudios en la Residencia de Estudiantes de Madrid, puerto de cultura al que a principios del siglo XX llegaba el mundo entero y donde García Lorca conoció a algunos de los que se - rían sus eternos amigos (Luis Buñuel, Rafael Alberti y Salvador Dalí, entre otros). Además, ahí, en aquellos tiempos y en ese paraíso madrileño, dictaron conferencias y dieron recitales Paul Claudel, H.G. Wells, Paul Valery, G.K. Chesterton, Igor Stravinski y otros faros de la intelectualidad y el arte de hace cien años.

Escribo esto después de haber estado ahí, en la Residencia de Estudiantes de Madrid, la Colina de los Chopos, como llamó Juan Ramón Jiménez al conjunto de edificios de estilo neomudéjar. La Residencia, ubicada en los números 21 y 23 de la calle del Pinar, está muy cerca de la Universidad Nebrija (Campus Madrid-Princesa), una de las instituciones europeas de mayor prestigio con las que la EBC tiene acuerdos de intercambio académico.

El nombre de la institución es un homenaje a don Antonio de Nebrija, el gran humanista de los siglos XV y principios del XVI, quien se afanó toda su vida por recuperar el latín culto que hablaban Cicerón y Quintiliano. Este esfuerzo lo convirtió, paradójicamente, en un experto del español, lengua romance que para entonces ya tenía aproximadamente quinientos años de existencia práctica. Nebrija descubrió que para conservar la profundidad filosófica y el valor expresivo del latín culto era necesario, precisamente, crear una gramática castellana, cosa que hizo en 1492 (la Gramática castellana de Nebrija es la primera codificación de una lengua moderna).

Antes de ser Campus Madrid-Princesa, su edificio (construido en 1906) fue primeramente utilizado como centro electrotécnico del ejército. Más tarde y durante mucho tiempo, albergó el Archivo Histórico Militar y el Instituto de Historia y Cultura Militar. Hoy es una hermosa fuente de educación superior.

La distancia entre el número 27 de la calle de Santa Cruz de Marcenado y la calle del Pinar se cubre en una hora y media, aproximadamente, si el andar es calmo y si el gozo de la ciudad nos distrae y nos detiene a ratos, cosa que sucede a menudo, porque en Madrid nos ocurre a muchos un pensamiento semejante al que expresó en 1925 el mexicano Francisco de A. de Icaza frente a un invidente que pedía limosna en la Puerta de la Justicia de la Alhambra: “No hay en la vida nada como la pena de ser ciego en Granada” (ese mismo año, a propósito, murió en Madrid el autor de estos versos entrañables).

Escribo que estoy en Madrid, muy despierto y con los ojos bien abiertos, y al escribir la oración me revelo ante mi propia conciencia y confirmo que mi certeza no un espejismo sino un paisaje real, acaso tamizado por la perplejidad de la vigilia y por el deslumbramiento que me provocó hace apenas una hora la Casa Gallardo, a la que llegué gracias a Manú, un joven lugareño con quien hice migas.

Por una milagrosa coincidencia, ambos andamos de arriba abajo con sendos libros de Gregorio Morales, otro gigante granadino que en su juventud se deslumbró ante la grandeza de Madrid. Manú acaba de terminar sus estudios de Economía y Negocios Internacionales en la Universidad Nebrija, y yo vine a conocer su alma máter y la majestuosa ciudad que la cobija.

La plática se dio naturalmente, en la estación Ópera del Metro. Charla tan agradable como inaudita: comenzamos compartiendo nuestro gusto por la narrativa de Morales y terminamos admirando la Fuente de los Caños del Peral, el Acueducto de Amaniel y otros vestigios de los siglos XVI y XVII descubiertos hace tres lustros, durante los trabajos de remodelación de esta parada del Metro madrileño (dichos elementos hidráulicos fueron, a propósito, un excelente pretexto para crear el museo subterráneo que hoy los alberga).

Con la promesa de regalarme un momento de absoluta fascinación, Manú me condujo a la esquina de la calle Ferraz y la Plaza de España, y sin decir agua va dejó que la Casa Gallardo, el hermoso edificio art-nouveau construido en 1914, me avasallara la mirada y me dejara mudo, con la estupefacción que puede vivirse frente a los ojos de Mara Verdú, junto a la sonrisa de Pilar López de Ayala o ante los ojos y la sonrisa de la condesa de Vilches eternizados por Federico de Madrazo.

Mientras contemplábamos absortos la blancura y el recargamiento de esta joya de la arquitectura madrileña, mi orgulloso guía extendió el brazo derecho y me señaló con el índice la parte alta de la Casa Gallardo, donde el tejado y las cúpulas oscuras logran el necesario contraste para hacer de la obra una de las más imponentes construcciones de Madrid.

Habiéndome despedido de Manú y alejado ya de la Plaza de España, he llegado al Paseo de los Recoletos, he caminado sin prisas por el bulevar y ahora me he sentado en El Espejo, para pedir una caña y refrescarme los entusiasmos (soy un paseante que goza de sus propios extravíos). Al rato, ya que me haya sosegado, me molaría pedir las berenjenas con vieiras o tal vez la merluza con gambas, porque las primas del camarón y la almeja tienen en sus nombres una España que hasta ahora sólo he leído y no comido. Sí, es cierto, toda gran ciudad genera sentimientos encontrados, amor y odio, ternura y deseos de escapar, enojo y alegría (esos sentimientos simultáneos que plasma Sabina en Pongamos que hablo de Madrid). Sin embargo y a pesar de todo, Madrid se me está metiendo al corazón por todos los sentidos.

SI PUEDES IMAGINARTE EN MADRID, ENTONCES ES HORA DE ACERCARTE A LA COORDINACIÓN DE RELACIONES INTERNACIONALES DE TU CAMPUS. TENEMOS CONVENIO DE INTERCAMBIO ACADÉMICO CON LA UNIVERSIDAD NEBRIJA Y CON MÁS DE CUARENTA UNIVERSIDADES DEL MUNDO.

PORQUE LOS ASPIRANTES DEL HORIZONTE ESTUDIAN EN EL EXTRANJERO.

*La frase pertenece a Carlos Arniches, quien la incluye en su sainete Mariquita La Pispajo (1921).

Nota bene. El pasado martes 31 de octubre, el doctor Juan Cayón Peña y el doctor Carlos Prieto Sierra, rectores de la Universidad Nebrija y de la Escuela Bancaria y Comercial, respectivamente, se reunieron en la casa de Marsella 44, para conversar sobre el acuerdo de intercambio académico logrado recientemente entre ambas instituciones.