La cinematografía de los negocios

“Si no hubiese sido tan rico,
habría llegado a ser un gran hombre.”

-Charles Keane, Ciudadano Kane. 1941

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Erick Rosas Romero*

Xanandú: mansión ficticia de dimensiones obscenas, que aloja a decenas de empleados y de animales exóticos, así como una infinita colección de estatuas, y de invaluables obras de arte, es el lugar ideal para encontrar al estereotipo de un magnate.

Durante el transcurso de esta historia, nos encontramos con un personaje que a lo largo de su vida experimentó un profundo vacío emocional, mismo que intentó cubrir con una gran fortuna amasada gracias a su astucia en los negocios, característica que lo llevó a construir un monopolio de los medios impresos, concretamente del ámbito periodístico.

Los párrafos anteriores forman parte del argumento que conforma al filme Ciudadano Kane, estrenado en 1941 bajo la dirección del entonces joven Orson Welles, quien fuera anteriormente famoso por su impresionante narración radiofónica de “La guerra de los mundos”, misma que causó gran impacto en su audiencia debido al realismo que Welles imprimió en ella.

Actualmente, la cinta se posiciona como un referente de la industria cinematográfica. Varios son los motivos que le brindan esta categoría, siendo los principales, la obtención de Oscar por mejor guión original, así como su nominación en distintas categorías, tales como mejor director, mejor actor principal, mejor fotografía, etc.

El choque de dos universos

Sirvan las líneas anteriores como un preámbulo del tema a tratar en esta ocasión, pues dentro del séptimo arte, encontramos innumerables obras que nos refieren a situaciones de la vida cotidiana y que, en su mayoría, buscan ofrecernos una lección o un refuerzo a nuestros valores cívicos.

El mundo de los negocios ha servido como una fuente inagotable de inspiración para directores, para productores y para escritores, quienes tomando en cuenta que en repetidas ocasiones la realidad supera a la ficción, deciden hacer uso de sus recursos cinematográficos para contarnos las historias de aquellos personajes que construyeron un imperio, prácticamente de la nada, y por su ambición desmedida o por su pobre apego a la ley y al correcto ejercicio de los negocios, hoy nos sirven como referente de lo que no se debe hacer en la búsqueda del éxito profesional.

Sea por tratar de construir una sociedad más civilizada, por sacar a la luz la “verdad” detrás de algunas de las figuras más destacadas del ámbito empresarial o simplemente por alcanzar el éxito en taquilla, desde hace décadas hemos visto desfilar infinidad de filmes vinculados al mundo de los negocios.

Para entrar en materia, podemos comenzar por tratar de establecer un orden en la narrativa de las líneas que construyen este tipo de historias: Nos presentan al protagonista quien muy posiblemente se encuentra en cualquier tipo de situación precaria, atestiguamos su “apuesta” (en la que arriesga lo poco o mucho que pueda tener) para alcanzar la riqueza anhelada, conocemos su método de ascenso hacia el éxito (mismo que quizá esté conformado por situaciones o negocios poco éticos). Posterior a ello, nos encontramos con un clímax de plenitud económica y social, y finalmente somos testigos del declive que experimenta nuestra estrella, pues todo lo que ha construido se viene abajo por causa de los frágiles cimientos que ha utilizado para levantar su imperio.

Tómese como muestra de lo anterior un par de filmes que aprovechan la popularidad de uno de los escenarios más famosos por su papel fundamental para la consolidación de las empresas con mayor renombre del Planeta: Wall Street.

El poder y la avaricia (Wall Street), filme estrenado en 1987 y estelarizado por Charlie Sheen y Michael Douglas, nos relata la vida de Bud Fox (Sheen), un joven broker que busca desesperadamente abrirse paso en el mundo de las finanzas. En su incansable búsqueda, el protagonista logra acceder a la mentoría de Gordon Gekko (Douglas), magnate de las inversiones, a quien únicamente le interesa el dinero, sin importar el camino que deba seguir para obtenerlo.

Sobre esta misma línea, no podemos dejar de mencionar a El lobo de Wall Street, película exhibida por primera vez en 2013 y protagonizada por Leonardo DiCaprio. Esta cinta, basada en las memorias del antiguo corredor de bolsa Jordan Belfort, nos narra una historia plagada de excesos y corrupción. ¿El resultado? Belfort pierde todo lo que construyó, desde lo material hasta lo personal, llegando a concluir su carrera criminal con una acusación de fraude y siendo encarcelado en una prisión estatal. Tras la reparación de los daños causados, y con el cumplimiento de una breve condena, el “genio” de las ventas queda en libertad. Cabe destacar que, en la actualidad, este personaje se gana la vida como escritor y conferencista.

Desde luego, la fórmula cine - negocios, no siempre busca proyectarnos historias de corrupción como las mencionadas anteriormente. Dentro de esta gama, también podemos encontrar relatos que nos motivan a emprender, a asumir riesgos y a conocer parte de lo que podríamos enfrentar en la búsqueda por desarrollar nuestro negocio ideal.

Sin duda, el vínculo que existe entre estos dos universos nos ofrece una alternativa para el conocimiento y, sobre todo, para el entendimiento de distintos aspectos del mundo empresarial que quizá de otra forma no lograríamos comprender. Asimismo, nos acerca a las biografías de grandes personalidades del mundo del emprendimiento y de la innovación, tal es el caso de películas como The Social Network (2010), que nos narra la historia del joven estudiante de Harvard Mark Zuckerberg, quien pocos años más tarde se convertiría en el creador de la red social más famosa del mundo. Y ya sobre esta línea, también será conveniente hacer mención a Pirates of Silicon Valley (1999), cinta enfocada al emprendimiento tecnológico y a dos de sus máximos exponentes: Steve Jobs y Bill Gates, fundadores de Apple y Microsoft respectivamente.

A propósito de este tema, cabe destacar que no siempre es provechoso fiarse de las cintas que ostentan la inscripción “basada en hechos reales” o que se difunden con carácter “biográfico”, pues son pocos los directores que logran reproducir fielmente los hechos en la historia que nos intentan contar.

Evidentemente, el séptimo arte siempre buscará sorprendernos con historias cada vez más impactantes. Retomamos las palabras del aclamado director Stanley Kubrick: “Si puede ser escrito o pensado, puede ser filmado”. Queda como nuestra responsabilidad de espectadores, ser capaces de tomar lo mejor de cada historia visualizada, así como de contar con un amplio criterio propio, pues está de más comprobado en todos los ejemplos anteriormente citados, que no que no existe el camino fácil para construir un imperio.

*Coordinador de Comunicación y Medios Internos