La casa de Rectoría
El encuentro de dos siglos

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Agustín Aguilar Tagle*

Sobre un terreno de 2,189 metros cuadrados y con 3,437 metros cuadrados de construcción, se yergue un conjunto arquitectónico en el que se entrelazan dos épocas distintas de la arquitectura: un palacete de principios del siglo XX y una edificación del siglo XXI.

Con la adquisición de la casa antigua en 2012, la EBC expresó su voluntad de permanecer en la colonia Juárez, a la que llegó en 1942. Hoy, la Institución distribuye sus actividades capitalinas en Liverpool 54, Dinamarca 32 y Marsella 44 . Las dos primeras direcciones conforman el llamado Campus Ciudad de México, mientras que la tercera es el corazón de todo el sistema EBC, sede de la Rectoría y de sus áreas administrativas centrales.

El edificio, que data de los últimos años del porfiriato y que se destaca por ser una de las propiedades mejor conservadas de la zona, fue construido por el arquitecto e ingeniero Francisco Martínez Gallardo, aunque hoy podemos hablar de cinco etapas de desarrollo arquitectónico:

1870. De aquellos tiempos, todavía se conservan los muros de la esquina sudoeste, que, muy probablemente, formaron parte de una ranchería y que posteriormente fueron elementos de una pequeña estancia de servicio. La sencilla edificación pudo haber sido ubicada en ese lugar con la finalidad de servir como punto de partida hacia el pueblo de La Romita, que se encuentra a escasos quinientos metros de distancia.

El terreno se encontraba en la zona aledaña a la Ciudad de México (es decir, a lo que hoy conocemos como Centro Histórico) y pertenecía a la gran extensión lotificada tras la ley de desamortización de los bienes de la iglesia y de las propiedades comunales (Ley Lerdo) expedida por el gobierno de Ignacio Comonfort en 1856. La actual colonia Juárez formó parte de la Hacienda de la Teja, que entre 1865 y 1872 fue fraccionada por Rafael Martínez de la Torre. Su desarrollo urbano fue lento en comparación con otras zonas como la Cuauhtémoc, al otro lado de Paseo de la Reforma, ya que en 1898 nace la traza que conocemos y en 1906 adquiere su nombre.

1908-1913. A estos años pertenece la construcción de la casa propiamente dicha, cuyas fachadas ofrecen a nuestra vista cantera proveniente de Amecameca, Huixquilucan y Oaxaca (destacan, a propósito, las grecas estilo Mitla en el fuste de las columnas del porche, rasgo que subraya el encantador estilo eclético del palacete). Los exquisitos detalles que se conservan en ella son del fin del porfiriato: artesonados de madera, cenefas y molduras de yeserías, mascarones y jarrones de cantera, marquetería en los pisos, cortinas, tapices y ventanas saledizas (bay windows), pero voladas (oriel windows, como miradores), algunas de ellas curvas (bow windows).

Hay que advertir un detalle importante: estamos a tres kilómetros y medio del Zócalo de la Ciudad de México. Sin embargo, todavía en la época en que se levantó esta casa, la colonia Juárez era considerada un espacio fuera de la ciudad propiamente dicha, que entonces comprendía no más de diez kilómetros cuadrados (hoy tiene 1,495 kilómetros cuadrados) y en la que vivía medio millón de personas (la República contaba con apenas ocho millones de habitantes).

Los años 20. No hay cambios, pero sí hay mejoras propias de las bondades de la modernidad. Se conserva de entonces detalles de cerámica y algunos azulejos.

11 de diciembre de 1962. La casa es adquirida por Nancy Oakes, quien heredó de su padre, el magnate Harry Oakes Lewis, una gran fortuna. Las rejas forjadas no son de la casa original, sino que datan del siglo XVII (no todas, algunas son imitaciones) y seguramente fueron adquiridas por la dueña en ventas de material de haciendas y casas antiguas. La casa fue desmontada en 2006.

2012-2015. Es en estos años cuando se da el intenso trabajo de restauración, adaptación y ampliación ordenados por la EBC al Taller de Arquitectura Mauricio Rocha + Gabriela Carrillo, que, tras ganar el concurso público, intervino el palacete porfiriano y logró un admirable equilibrio entre su identidad arquitectónica y la necesidad de funcionalidad de la EBC. El trabajo del Taller ha sido reconocido en varias ocasiones: en 2015, en el marco de la Segunda Bienal de Arquitectura de la Ciudad de México, la casa fue distinguida con la Medalla de Plata por el Colegio de Arquitectos de la Ciudad de México y la Sociedad de Arquitectos Mexicanos, como ejemplo de un excelente trabajo de restauración, reconversión e intervención arquitectónica. En 2016, la misma casa quedó incluida entre las veinte obras finalistas del Premio Oscar Niemeyer, por el carácter ejemplar del proyecto y por sus valores como propuesta arquitectónica y tecnológica, así como por su relación con el contexto social, cultural y medioambiental. En ese mismo año, dentro de la XIV Bienal Nacional e Internacional de Arquitectura Mexicana, el inmueble fue distinguido con la Medalla de Plata por la Federación de Colegios de Arquitectos de la República Mexicana, para reconocer en ella el acierto ejemplar de su remodelación. Y en 2017, dentro de la iniciativa Premio Obras Cemex, organizada por la compañía del mismo nombre, la casa obtuvo el segundo lugar en la categoría Edificación (el premio distingue y enaltece los grandes trabajos arquitectónicos de México y del mundo).

*Jefatura de Patrimonio Cultural