EL PREFIJO EX-
Y LA PALABRA ALUMNO

Alumno es una palabra a partir de la cual podemos formar su plural (alumnos), cambiar su género (alumna), darle algún rasgo particular (alumnote) e incluso crear otra palabra (alumnado). El prefijo ex-, por su parte, funciona a veces como adverbio (fuera o más allá) y a veces como adjetivo (el, la, lo que fue y ya no es).

La Ortografía de 2010 de la Real Academia Española dice que, como todos los prefijos, ex- debe unirse a la base si ésta es una sola palabra (exalumno, excéntrico, exconvento), y que debe escribirse separadamente cuando la base está formada por más de una palabra (ex primera dama, ex reina de la primavera, ex Caballero de Colón, ex Convento de Churubusco). Sin embargo, consideramos que tal convención no es acertada, porque se sustenta apenas en la configuración y no en el significado de las palabras.

Al partir de la diferencia de significado existente entre el ex- que funciona como adverbio y el ex- que funciona como adjetivo, proponemos unir el adverbio y separar el adjetivo: extemporáneo, excéntrico, exaltar, ex alumno, ex esposa, ex altar, ex Reina de la Primavera.

Aceptada esta propuesta diacrítica, el prefijo cobrará sentido mediante el sencillo mecanismo de soldarlo o desprenderlo de la palabra base.

Volvamos a la palabra alumno y analicemos su significado.

Aunque en español las palabras alumno y estudiante son tratadas como sinónimos, a todos nos queda claro que la primera es un sustantivo y que la segunda es un adjetivo, y que ambas indican ante el saber escolar dos posturas diferentes entre sí, una pasiva y otra activa.

1. El sustantivo ALUMNO proviene de la palabra latina alumnus, que es el participio pasivo de alimentar. El alumno es el que ha sido alimentado, el que ha sido criado.

2. El adjetivo ESTUDIANTE es originalmente el participio activo de studeo, que significa dedicarse con atención a algo.

Sin embargo y paradójicamente, para el español la palabra alumno alude a un ser en el presente: el que es alimentado por el docente, por el profesor que enseña (enseñar: docere). Para convertirlo en un personaje del pasado (el que fue alimentado), utilizamos el prefijo ex-. Quien deja de estudiar en una institución educativa deja también de ser alimentado por ella, así que abandona su condición de estudiante “interno” y de alumno, y se convierte en ex alumno (el que fue alumno y ya no lo es).

Para hablar de la íntima relación semántica entre las voces alumno y estudiante, la imagen de una madre lactante con un niño de pecho es muy elocuente. Pensemos, por ejemplo, en La virgen del cojín verde, de Solario (Museo del Louvre), donde la actitud de ambos personajes nos habla de la fascinación de la madre, del encanto del hijo y de la muta ternura: mientras es amorosamente alimentado (alumno), el bebé está concentrado en su propia alimentación (estudiante) y en su alma mater.

Pero si para nosotros el término estudiante es sinónimo del término alumno, para la anglofonía hay una diferencia relacionada con el tiempo verbal. Describamos el escenario semántico del inglés:

Al ver la palabra student (el que se dedica al estudio), podríamos pensar que se trata del romanceamiento del sustantivo latino “studium”, como sucede con el estudiante español, el étudiant francés, el studente italiano, el estudante portugués, el estudiant catalán y el student rumano. Pero no es así.

El inglés no experimentó romanceamiento, porque no es dicha lengua una transformación del latín. El inglés no adapta, sino que adopta. El inglés es la historia de una lengua esponja, una lengua absorbente, una lengua que tiende históricamente a ser influenciada por otras, sea por sustrato, por superestrato o por adstrato1.

Eso ha hecho del inglés la lingua franca de nuestra época, la lengua común, el sueño del esperanto, la respuesta práctica a la confusión de lenguas durante la edificación del enorme zigurat babilónico (la torre de Babel), la lengua omnímoda, como en su momento lo fue el griego. ¡Y qué bueno que así sea! ¡De alguna manera hay que entendernos en el concierto de las naciones! Pero ello no significa que estemos obligados a usar la lingua franca como lingua interna y menos como lingua pensante.

Es en el siglo XIV cuando el inglés toma prestada esta voz del francés antiguo “estudiant”.

En su periodo de gestación, tanto el francés como el español añadieron –por motivos fonéticos- una prótesis: la e inicial. Más tarde, el español mantuvo la prótesis y la s (estudiante); el francés, en cambio, eliminó la s original y conservó la prótesis (étudiant).

El inglés, por su parte y por su propia naturaleza fonética, prescindió siempre de la prótesis (student), lo que hace suponer a muchos que el inglés tiene comportamientos de lengua romance (dado que el verbo original es studeo). Esta suposición (el romanceamiento de la palabra student) es equivocada y olvida que, como ya dijimos, el inglés tomó la palabra del francés hace seis siglos (antes de ella, el inglés antiguo utilizaba con la misma connotación el término leorningcild, niño aprendiz).

Si en español, por romanceamiento, convertimos alumnus en alumno y le damos uso para el presente (el que es alimentado), el inglés utiliza la voz latina (sin modificación alguna) en su más estricto sentido de participio pasivo (el que fue alimentado): es el ex alumno. Por eso y por congruencia en la adopción, en las universidades angloparlantes se usa el plural latino alumni (sin modificación alguna) para referirse al conjunto asociado de ex alumnos que se agrupan como tales y que se organizan para establecer una nueva relación con su alma mater (madre nutricia), es decir, para apoyarla, para aconsejarla, para promoverla y para homenajearla.

En conclusión, creemos que no conviene al español seguir la costumbre del inglés, que es la de tomar crudamente las voces alumnus y alumni para referirse al ex alumno y al conjunto asociado de ex alumnos. ¿Por qué? Porque nuestra relación con el latín no es adoptiva sino sanguínea: hablamos una lengua romance, es decir, una lengua que es hija biológica del latín, así que el alumnus latino se convirtió en el alumno español. El inglés, por su parte, toma el latín como elemento de su adstrato cultural, porque ve en el uso de las palabras alumnus y alumni (ex alumno y ex alumnos) una solución práctica (tendríamos que preguntar a los angloparlantes si encuentran poco atractivas o poco claras las frases former student y former students). Nosotros, en español y en nuestra cultura sí tenemos una forma para hablar de los alumnos del pasado: con el prefijo ex-: ex alumno y comunidad de ex alumnos.

Podemos mantener esta costumbre (el uso del prefijo ex- para hablar de lo que ha dejado de ser) o podemos rechazarla y adaptarnos a la costumbre angloparlante y a las formas de hoy (modus hodiernus, lo moderno). La decisión que tomemos hablará muy claramente de lo que fuimos, de lo que somos y de lo que queremos ser.

1. Llámese sustrato al conjunto de voces de una lengua extinta que perviven en la lengua o las lenguas que la sustituyeron (el sustrato latino en el español, por ejemplo); llámese superestrato al conjunto de voces de una lengua conquistadora que se incrustan o se funden en una lengua conquistada (el superestrato árabe en el español, por ejemplo); llámese adstrato al conjunto de voces de una lengua (extinta o viva) que adopta una lengua viva (el adstrato latino en el inglés, por ejemplo).