El día que encontré mi espejo

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Jesús Javier Muñoz*

La presión social nos empuja a tomar decisiones apresuradas, a caminar sin entender el camino, a equivocarnos sin asumir la responsabilidad de nuestros errores. Sin embargo, siempre se puede encontrar un sendero esclarecedor.

A punto de terminar el quinto semestre de bachillerato, viví una de las etapas más difíciles de mi existencia. Me sentía mal todo el tiempo y vivía sin propósitos, sin un objetivo claro hacia el cual caminar; me veía a mí mismo como un simple estorbo al que todo se le vendría abajo en un parpadeo. ¡Me bloqueé! Quería terminar con todo de una vez, quería que todo se detuviera, anhelaba un momento de tranquilidad.

Para colmo, siempre aparecía la voz de alguien con una pregunta que me hería: ¿Ya elegiste una carrera? Ante mi respuesta balbuceante, llegaba una mezcla de escándalo y condescendencia: ¿Todavía no eliges carrera? Ya te queda poco tiempo, ¿eh?

Los reproches sólo debilitaron mi deseo de tomar alguna decisión.

La presión social nos empuja a tomar decisiones apresuradas, a caminar sin entender el camino, a equivocarnos sin asumir la responsabilidad de nuestros errores. Yo ya no quería eso. Lo que yo deseaba, en esos momentos de desesperación, era un poco de apoyo. Conté con los consejos de mi orientadora vocacional, quien supo señalarme algunas de mis cualidades.

Conté también con mi tutora semestral, quien me tranquilizó al recomendarte que mirara con más detenimiento el presente antes de querer visualizar el futuro. Por otro lado, mucho me sirvió el escuchar a mi psicóloga, quien me abrió los ojos…

¡Experimenta, vive, consigue las cosas! De eso me habló la doctora Aby: ¿Cómo vas a saber lo que te gusta y lo que te disgusta, si no pruebas cosas nuevas?

A mediados de mi sexto semestre, un amigo me invitó a una conferencia que iban a dar representantes de la Escuela Bancaria y Comercial. Acepté la invitación, asistí a la conferencia y escuché atentamente…

¡De pronto, mientras escuchaba, se abrió una puerta en mi cabeza!Las palabras de la conferencia cobraban sentido en mis adentros… ¿Por qué no? ¡Puede ser! ¡Esto puede ser lo que yo estoy buscando!

Al final de la plática, un representante de la EBC me propuso personalmente acudir a un ejercicio de evaluación de la personalidad.

Y fui.

Al presentarme al ejercicio y observar el contenido del cuestionario, comenzó en mi vida una de las experiencias más gratificantes que he tenido: respondí todas y cada una de las preguntas sobre mi persona, y lo hice con la sensación de estar por fin diciéndome a mí mismo, con absoluta sinceridad, quién era yo.

Días más tarde, volví a la EBC para conocer el resultado del ejercicio. Pude entonces conocer y reconocer aspectos de mi ser que antes no había tenido muy claros. ¡Fue como mirarme en un espejo bien iluminado! Un espejo donde no me reflejaba más hermoso o más inteligente, sino un espejo donde me veía más real y más genuino.

En ese momento me sentí muy contento, como si se me hubiera quitado un peso de encima. Poco después, la maestra Sandra Martínez Suárez, Directora de Campus Aguascalientes, me dio la bienvenida a la institución.

¡Fue como si me dijeran que creían en mí! Así que pensé: Si ellos confían en Jesús Javier Muñoz, él también quiere confiar en ellos, quiere dar la oportunidad a quienes supieron ver en su persona lo que ni él mismo tenía muy claro.

¡Encontré un espejo donde puedo mirarme y enorgullecerme de mi vida y de mis sueños! Ese espejo se llama Escuela Bancaria y Comercial.

* Alumno miembro de la generación fundadora de Campus Aguascalientes