DE TRATOS
Y TRATADOS

24 AÑOS DE TLCAN

Segunda parte

El 31 de octubre de 2017 llevamos a cabo, en el Salón del Mérito de la casa de Rectoría, un ejercicio de análisis y reflexión sobre el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, con la participación de tres profesores de la Escuela Bancaria y Comercial, maestros de probada excelencia, expertos en su materia y plumas destacadas de nuestra revista institucional: la doctora Verónica Arlette Zepeda Vargas (VAZV), el maestro Héctor Valencia Morales (HVM) y el doctor Álvaro Vargas Briones (AVB). A continuación, reproducimos la segunda parte de este diálogo (el lector puede encontrar la primera en el número anterior de nuestra revista).

HVM.Cerramos la primera parte de nuestra conversación con la descripción de un hecho observable: lo que comenzó como una imposición de Washington se convirtió en una cascada de beneficios para nuestro país, tantos que el gobierno estadounidense es el que se queja ahora de lo que considera un tratado ventajoso para México (queja que probablemente surge únicamente del estilo particular de “negociar” que tiene su presidente). Por tanto, hay que decir también que los mexicanos supimos negociar y lograr un buen acuerdo.

Ventana EBC. ¿Y será cierto lo que dijo el presidente estadounidense en agosto pasado, en el Centro de Convenciones de Phoenix, al referirse al TLCAN? (And you know that one of the worst deals that anybody in history has ever entered into). ¿Será “el peor acuerdo” que ha tenido el país vecino en muchos años? ¿O es tal afirmación parte de una estrategia de renegociación típica de un empresario voraz? Dice Melibea en el acto IV de La Celestina: “Bien conozco que dice cada uno de la feria según le va en ella”. Y citamos el refrán porque a fines de noviembre pasado el presidente de la Unión Ganadera Regional de Querétaro advirtió que la industria lechera de México tiende a desaparecer debido a las alzas del dólar, el elevado volumen de importaciones y la desigualdad de los intercambios en el contexto del TLCAN, pues los gobiernos de Estados Unidos y Canadá otorgan subsidios a sus productores. Además, los estadounidenses y los canadienses tienen acceso a créditos baratos, mientras que los bancos que operan en México cobran tasas elevadas.

AVB. Hay que distinguir en el discurso del presidente estadounidense tres líneas que se entrecruzan:

  1. La revisión económica (por sus efectos sociales)
  2. La oferta política hecha por el actual presidente de Estados Unidos durante su campaña
  3. La proverbial voluntad hegemónica de Estados Unidos.

Son, digo, tres líneas del discurso que debemos seguir con atención, para no confundirlas.

En cuanto a la revisión económica, recordemos que Estados Unidos viene de una recesión. Parte de esa recesión está vinculada a uno de los grandes motores de su economía: la industria manufacturera, en particular la manufactura dentro de la industria automotriz. Estados Unidos tiene un déficit muy grande por concepto de esas industrias. Dada la apertura del Tratado, la manufactura automotriz se trasladó a México, donde los salarios son notablemente más bajos.

HVM.Estados Unidos pensó que el Tratado iba a generar más beneficios para ellos (esta suposición acaso explique la imposición); pero no se imaginaron entonces que la industria iba a buscar la manufactura barata y a emigrar hacia el país más pequeño, lo que acaso aceleró los tiempos para el desarrollo económico de México. Tal vez nos hubiera llevado más tiempo si sólo hubiéramos salido a competir…

AVB. Lo anterior nos lleva al segundo plano: la oferta política. El entonces candidato republicano prometió incrementar el empleo, sobre todo mediante la revisión del Tratado y el regreso de la manufactura automotriz. La campaña de Donald Trump estuvo enfocada el sector más lastimado de Estados Unidos, el de la clase obrera, uno de cuyos reclamos es, precisamente, que si falta empleo se debe a que éste se ha ido a México y a otros países, y que, para colmo, los flujos migratorios amenazan su endeble seguridad laboral.

Y como tercera línea discursiva, señalemos el histórico esfuerzo del país vecino por mantener su hegemonía comercial (la doctrina del Destino Manifiesto no se manifiesta sólo militarmente sino sobre todo comercialmente). Su presidente actual no piensa como político, mucho menos como estadista. Piensa como empresario: busca tener mayor participación en el mercado, ser más competitivo, obtener mayor rentabilidad. Trump concibe la renegociación del TLCAN como un ajedrez empresarial y no como lo que debe ser: el establecimiento de relaciones comerciales justas entre tres países que desean el bienestar internacional.

Ventana EBC. Volvamos a 1994. Apenas había arrancado el Tratado cuando los hechos violentos y la crisis económica de ese año quebraron el proyecto transexenal del gobierno de entonces…

VAZ. Ese gobierno sí deseó, abiertamente, un modelo transexenal, pero tanto la devaluación de 1995 como la llegada de un nuevo partido al poder ejecutivo en 2000 (y en las circunstancias ya mencionadas) debilitaron el proyecto. La idea era generar un proceso gradual de apertura y de beneficio paulatino a cada uno de los sectores de la economía nacional, es decir, generar un crecimiento endógeno (de adentro hacia fuera) que debería cubrirse en ocho años (el sector agropecuario estaba considerado, precisamente, como uno de los que deberían esperar un plazo mayor para su liberación comercial). En cuanto a la industria textil, señalemos que es uno de los sectores más atrasados y dañados por el TLCAN, justamente porque no se llevó a cabo el mencionado proceso de crecimiento endógeno.

Ventana EBC. Hoy, en México, el gobierno saliente parece enfrentarse a sus socios del TLCAN con excesiva prudencia y demasiada cautela…

HVM. Yo no veo un gobierno prudente ni cauteloso, sino un gobierno negociador. Recordemos que la táctica de Donald Trump está claramente descrita en su libro The art of the deal (1987). La técnica consiste en “estresar el entorno”: el negociador monta un escenario de tensión, es decir, crea un ambiente tirante, incluso amenazante, para que dentro de él la contraparte tome cierto tipo de decisiones. Es probable que el gobierno actual de México, consciente de la estrategia de negociación de estrés, evite entrar en ese juego, porque sabe que el TLCAN es tan importante para México como para Estados Unidos y Canadá. De cualquier manera, sí es necesario revisar varios temas del Tratado, en particular el relativo a nuestra propia industrialización. Verónica señala acertadamente que la estrategia era industrializar a México. ¡Sí, pero desarrollando industria mexicana! La verdad es que fue la inversión extranjera la que vino a industrializarse aquí, a nuestro país, mediante la manufacturación (por la mano de obra barata). Y, bueno, es cierto, parece que el Tratado sí nos funciona, porque genera empleos; ¡pero no estamos creando industria! Esos empleos dependen de la inversión extranjera, no de nuestra fuerza económica. Por eso, porque el proyecto original consideraba la industrialización, nuestra industrialización, necesitamos revisar ciertos puntos del TLCAN.

Permítanme dar un ejemplo. La empresa de cuya dirección financiera me encargo se encuentra dentro de los sectores automotor y agropecuario, y produce para la exportación. ¿Nos beneficia el tipo de cambio? Sí, en la mano de obra, aunque los insumos que utilizamos para ser competitivos son de importación y se pagan en dólares. De los elementos que conforman nuestro costo de producción, el beneficio que tenemos se basa en la mano de obra: la pagamos en pesos y vendemos nuestros productos en dólares.

En Estados Unidos, en cambio, ese beneficio no existe. Además, y paradójicamente, el problema para las empresas estadounidenses está en la fuerza de su moneda: con un dólar fuerte y un peso débil, la paridad cambiaria se abre y genera una brecha. Entonces, al estadounidense le es más barato consumir productos importados que manufacturados allá. Este contraste es el que hace afirmar al gobierno de Trump que el TLCAN está perjudicando a Estados Unidos. Pero el problema no está en el Tratado sino en los bajos índices de empleo en Estados Unidos (que están, eso sí, relacionados con la paridad cambiaria). Terminar con el Tratado no va a resolver la crisis económica estadounidense. Además, habrá que ver cómo reacciona la Industria, que no es gubernamental sino particular.

Ventana EBC. El dinero no tiene patria, pero sí tiene voz y voto. ¿Cuáles son las consecuencias que traería la clausura del TLCAN?

AVB. Para los tres países hay consecuencias. Estamos en una economía global. El crecimiento de México experimentaría una grave desaceleración. Y el problema es que yo no veo en el horizonte una alternativa económica claramente definida. ¿Podemos sustituir el mercado de Estados Unidos y Canadá con el mercado europeo y latinoamericano? ¿Podemos en verdad renunciar a los 482 millones de consumidores que nos otorga el TLCAN? Tal vez, pero en estos momentos no veo que ese camino esté siendo considerado. Nosotros somos el segundo socio más importante de Estados Unidos. Ellos son nuestro socio más importante.

HVM. Aunque sí existe la posibilidad de que el Tratado se dé por terminado, yo en verdad dudo mucho que ocurra. Estoy convencido de que la actitud del presidente de Estados Unidos se resume en tácticas de negociación agresivas: está buscando sacar provecho de la renegociación, y para eso es capaz de amenazar con dar por concluida la relación de comercio libre. Pero no debemos sobredimensionar el peligro. Hay relaciones que no se anularán si el Tratado desaparece. La globalización no está condicionada al TLCAN, sino que es una realidad internacional. Vuelvo al caso del sector aguacatero. Cuando tú preguntas a los exportadores de Uruapan qué pasaría si se elimina el Tratado, la respuesta es sencilla: los estadounidenses pagarán más caro el aguacate, pero lo pagarán, indudablemente. Cualquier barrera arancelaria terminaría perjudicando al consumidor estadounidense. Y en cuanto a la industria automotriz, ésta no va a regresar su manufactura a territorio estadounidense sólo porque Trump quiera: para ellos, el producir en México es mejor negocio.

Ventana EBC. El eminente sociólogo Boaventura de Sousa Santos señaló recientemente que acaso estamos entrando en un periodo de reversión de los procesos de globalización que han dominado la economía, la política, la cultura y las relaciones internacionales en los pasados cincuenta años. Y esta observación parece coincidir con fenómenos de “aislacionismo” vividos en los dos últimos años: el conflicto en Cataluña, el Brexit y el mismo triunfo de Donald Trump en Estados Unidos. ¿Qué sucede en el mundo? ¿Hay una reacción contraria a la globalización? ¿O es que estamos, como sugiere Boaventura, delante de nuevas manifestaciones de la globalización, algunas de ellas muy peligrosas y patológicas?

VAZ. En cuanto a los tratados de libre comercio, de unificación política, de unificación de la moneda y de integración de los mercados, es un hecho que los procesos han sido muy lentos y que hay sectores de la sociedad que no se han beneficiado como se esperaba. Esos sectores se sienten incluso afectados. ¿Esto desacredita los tratados o la misma globalización? Yo creo que no, yo creo que esto nos obliga a revisar y a hacer ajustes en todo el mundo y en todas las relaciones internacionales. En el caso de México, recordemos que estamos en un año de elecciones federales y que nuestra economía se encuentra en una situación de extrema fragilidad. Esto podría llevarnos a cometer errores semejantes a los de 1994 y a buscar una renegociación a toda costa y de manera apresurada. Tenemos que renegociar, sí, pero con calma y con inteligencia.

Ventana EBC. Vísteme despacio que llevo prisa, dice Benito Pérez Galdós que dijo Fernando VII.

HVM. Precisamente porque 2018 es un año complejo y delicado para nuestro país, yo sugiero posponer la renegociación. ¡Y no nos dejemos espantar! A Trump le está pasando lo de aquella película de 1973 (Soylent Green, con Charlton Heston y Edward G. Robinson): el futuro ya lo alcanzó. Así que no cedamos a las presiones: siempre nos han devuelto a una parte de nuestros migrantes. La diferencia es que ahora estamos en condiciones de ofrecerles empleo. Además, el trabajo de los mexicanos en Estados Unidos sigue siendo necesario, así que ellos mismos lo demandarán.

AVB. México está a unos meses de celebrar elecciones federales. Estados Unidos está a un paso de realizar elecciones intermedias. Sí habrá renegociación, ¿pero en qué términos? Ésa es la pregunta que necesitamos responder ya. Estamos frente a una gran oportunidad histórica, que es la de replantear nuestro propio concepto de nación. No podemos seguir siendo un país sexenal, tenemos que proyectar a largo plazo: determinar hacia dónde queremos ir, qué necesitamos y cómo vamos a insertarnos en el concierto de las naciones. Personalmente, tengo mucha confianza en la nueva generación de mexicanos, que son jóvenes dispuestos a la transformación, jóvenes con una nueva manera de entender los negocios, la cultura y la sociedad. En conclusión: estamos en un buen momento para hacer las cosas bien y definir el rumbo que queremos seguir para cambiar la vida.

Esta entrevista puede verse en ebc.mx/negocios2
NOTA. La presente edición de Ventana EBC entró a imprenta antes de celebradas las rondas sexta y séptima de negociaciones para la modernización del TLCAN.

Verónica Arlette Zepeda. Licenciada en Economía por la Universidad Tecnológica de México, maestra en Ingeniería Económica y Financiera por la Universidad La Salle y doctora en Administración Pública por el Instituto de Estudios Superiores en Administración Pública. Actualmente, estudia Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México. Cuenta con especialización en Impuestos, Finanzas Públicas, Derecho Aduanero y Comercio Exterior, acreditada por la Universidad Panamericana y el Instituto Tecnológico Autónomo de México. Cuenta con amplia trayectoria en el sector público: a fines del siglo pasado, fue asesora del entonces Secretario de Hacienda José Ángel Gurría. Ha impartido múltiples conferencias y seminarios en diversas instituciones educativas y actualmente es catedrática del Colegio de Economía de la EBC, donde imparte cursos en licenciatura y posgrado.

Héctor Valencia Morales. Contador Público por la EBC, con Maestría en Administración de Negocios por el Colegio de Estudios en Administración Superior y con Maestría en Alta Dirección (MAD) por la misma Escuela Bancaria y Comercial. Con amplia experiencia en el sector financiero, es Socio Fundador y Director General de Valmor Soluciones, consultora de negocios. Fue Gerente de Control de Riesgos de Crédito en Bital y Operador de Mercado de Dinero para ABSA, Casa de Bolsa. Actualmente, es CFO de Corrubox México. Es expositor y conferencista en foros académicos y empresariales. Es catedrático de posgrado en la EBC, reconocido con la Excelencia Académica en trece ocasiones. Para orgullo de la Institución, es Profesor Distinguido 2016.

Álvaro Vargas Briones. Especialista en Finanzas y MBA por el ITESM. Cuenta Doctorado en Ciencias de la Administración por la UNAM. Con experiencias de más de veinticinco años en áreas de dirección financiera, ingeniería financiera y consultoría. El maestro Vargas Briones realizó en la República de Singapur, el posgrado Technical and Vocational Education and Training Programme for Principals and Leaders, auspiciado por el gobierno de dicha república y por The G-20 Development Working Group. Además de su labor docente (es catedrático de estudios de posgrado en la EBC), se ha desempeñado como Titular Ejecutivo de Ingeniería Financiera Bancomer, Director General de Política Económica y Desarrollo Económico del Gobierno de Hidalgo, y como Director General de DNC Consultores. Actualmente, Vargas Briones es Revisor del Premio Nacional de Investigaciones Financieras IMEF-Deloitte.