DE TRATOS
Y TRATADOS

24 AÑOS DE TLCAN

Primera parte

El pasado 31 de octubre llevamos a cabo, en el Salón del Mérito de la casa de Rectoría, un ejercicio de análisis y reflexión sobre el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, con la participación de tres profesores de la Escuela Bancaria y Comercial, maestros de probada excelencia, expertos en su materia y plumas destacadas de nuestra revista institucional: la doctora Verónica Arlette Zepeda (VAZ), el maestro Héctor Valencia Morales (HVM) y el doctor Álvaro Vargas Briones (AVB). A continuación, reproducimos la primera parte de este diálogo, cuya extensión nos obliga a dividirlo en dos entregas.

Ventana EBC. Libre comercio, el equivalente español de free-trade, es semánticamente transparente y comprensible. Sin embargo, no descartemos el análisis político y cultural que pudiera hacerse de la frase invertida (adjetivo - sustantivo).

Dado que en Canadá el francés es la lengua materna del 22% de la población nacional (es, además, idioma oficial en Quebec e idioma co-oficial en el resto del país), conviene señalar que también en el nombre en francés del North American Free Trade aparece el adjetivo antepuesto al sustantivo: Accord de Libre-Échange Nord-Américain.

En las lenguas romances solemos colocar el adjetivo después del sustantivo cuando el adjetivo es especificativo (ofrece información nueva sobre el sustantivo: homme libre, commerce extérieur, art nouveau); pero en el nombre del Tratado, las traducciones francesa y española anteponen el adjetivo: libre-échange, libre comercio. Queriéndolo o no, desde la perspectiva gramatical, en esa posición el adjetivo se vuelve explicativo, como en los casos en los que se presupone una relación más íntima, casi consubstancial, entre el adjetivo y el sustantivo (querida hija, venerable anciano).

¿Por qué hablamos de libre comercio y no de comercio libre? ¿Por qué esa singular sintaxis? ¿Se trata simplemente del principio del menor esfuerzo en la traducción, es un calco sintáctico sin mayor importancia o hay algo más profundo?

HVM. Los estadounidenses y los canadienses contaban, desde la segunda mitad de los años ochenta, con su propio North American Free Trade Agreement. A dicho acuerdo se unió México en 1992. Parte del nombre en español (libre comercio) es, entonces, una traducción literal (o directa) de la frase en inglés (free trade), hecho que no es en sí una incorrección, pero sí una peculiaridad y, por ello mismo, una perla para los suspicaces. Hay que recordar que fue a partir de la liberación del comercio entre México, Estados Unidos y Canadá que comenzamos con otros tratados. Porque éste, en particular, es el de América del Norte, pero desde entonces hemos desarrollado una serie de tratados adicionales con distintas naciones y comunidades económicas del mundo, por lo que al primero tuvimos que añadirle, para distinguirlo, las siglas AN (América del Norte). En el diccionario de nuestro comercio exterior quedó ya acuñada la frase “tratado de libre comercio”. Ventana EBC. Para México, el TLCAN tiene carácter de ley suprema (debidamente resguardada mediante los artículos 76 y 133 constitucionales) de exclusividad (como acción que sólo puede ser celebrada entre el Gobierno de los Estados Unidos Mexicanos y uno o varios sujetos de derecho internacional público). Y esto llama la atención desde el momento en que los estadounidenses y los canadienses hablan de agreement y accord. En la legislación mexicana, los acuerdos pueden ser realizados entre una dependencia u organismo descentralizados de la administración pública federal, estatal o municipal, y uno o varios órganos gubernamentales extranjeros u organizaciones internacionales, conforme a lo señalado en el Diario Oficial de la Federación el 2 de enero de 1992. Para nosotros, pues, es un tratado. Para ellos es un acuerdo. La fuerza de ley no es la misma: hay una diferencia jurídica importante.

VAZ. Antes de 1994, había relaciones comerciales con Estados Unidos y otros países, por supuesto, pero ceñidas a un esquema proteccionista cuya justificación estaba en la urgente necesidad de desarrollo de la industria nacional. Antes del Tratado, todavía en los años 80, se gravaba rigurosamente la mercancía del extranjero. ¡Había artículos con tasas impositivas hasta del mil por ciento! Se entiende entonces que, aunque sí había una relación comercial, ésta, al carecer de una ruta libre, de una vía abierta (free-trade) para el intercambio de bienes y servicios, no era ni significativa ni provechosa. En el caso del productor mexicano, adquirir sus insumos en el extranjero lo obligaba a encarecer sus productos, lo que reducía la demanda. Cuando México se incorpora al Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT, por sus siglas en inglés), iniciamos el rompimiento paulatino con el modelo anterior de sustitución de importaciones y nos incorporamos a un proceso de negociación para el establecimiento de una zona de comercio libre donde los países involucrados gozaran de reducciones en los aranceles y pudieran entonces aminorar sus costos.

Y fue así como, en 1992, nos integramos al Tratado de Libre Comercio que ya tenían Estados Unidos y Canadá.

Ventana EBC. ¿Entramos al TLCAN en igualdad de condiciones? ¿Podíamos competir en aquellos días con dos países económicamente más poderosos? ¿Cómo estaba México y cómo estaba el mundo cuando decidimos ingresar al TLCAN?

AVB. México vivía entonces dentro de una economía cerrada y contaba con pocos acuerdos comerciales. Por su parte, en el contexto mundial, los estados estaban reduciendo al mínimo su participación en la economía de sus respectivas naciones y comenzaban a asumirse como simples administradores y como meros vigilantes del orden y la paz social. Esto, por supuesto, abrió las compuertas del comercio. Por otra parte, y junto con el desarrollo tecnológico, comenzaron a formarse bloques comerciales: los tigres asiáticos, los países europeos (que desde mediados de siglo habían formado una comunidad económica), los indicios de formación del Mercosur… Al integrarnos a un mercado potencial, con Canadá y Estados Unidos como principales socios, para abarcar a más de 300 millones de consumidores, el gobierno mexicano quiso aprovechar la oportunidad. La idea fue incluirnos en un bloque que nos permitiera participar como socios activos en el comercio internacional de manera competitiva.

Ventana EBC. ¿Por qué estas dos grandes potencias se interesaron en hacer una alianza comercial con un país apenas en vías de desarrollo?

HVM. Porque en este escenario, en el que la globalización comienza a vislumbrarse, nuestra ubicación geográfica cobra mucha relevancia. Los bloques de los que habla Álvaro (Asia y Europa) habían ya mostrado interés en establecer alianzas con México, por lo que tanto Estados Unidos como Canadá consideraron que mantenernos fuera de su libertad de comercio significaba para ellos un coste de oportunidad. Más tarde se establecieron otros tratados, pero ya con el TLCAN activo. Entonces, para responder a la pregunta de manera breve, subrayemos que México es el centro del tráfico del comercio para unir al Norte con el Centro y el Sur de América. Además, nuestras costas en ambos lados del país son ideales para el comercio con Asia y Europa.

Ventana EBC. Con un campo tan abandonado en México y con un campo subsidiado en Estados Unidos, ¿no era esto, para nosotros, un enorme riesgo?

HVM. Esta pregunta estuvo presente en la polémica sobre las ventajas y las desventajas de entrar al Tratado, a fines de los 80 y principios de los 90 del siglo pasado. En esta controversia se enfrentan dos grandes doctrinas: la del proteccionismo y la de la liberación del comercio. La segunda, que es en la que nos encontramos desde hace 24 años, ha buscado ponernos en igualdad de condiciones con las industrias canadienses y estadounidenses, no siempre con éxito, ciertamente. De cualquier manera, México se visualizó como comercializador, no como productor; se visualizó como un puente comercial donde la compra-venta fuera tan redituable como la producción, mientras aprendíamos a exportar productos. Entonces no éramos productores, más que para el comercio interno, es decir, para el autoconsumo. Era necesario que el productor mexicano mirara hacia fuera y descubriera nuevos consumidores, así fuera por imitación. Y lo hemos logrado en varios contextos, tenemos casos de evidente éxito: los productores aguacateros de Michoacán, por ejemplo, cuya fuerza en el mercado internacional es notable. El aguacate es conocido como el diamante agropecuario que México ofrece al mundo.

Ventana EBC. ¿Más son los beneficios que los perjuicios en veinticuatro años de TLCAN?

VAZ. Para responder, hay que recordar que el Tratado fue un requisito impuesto por el Consenso de Washington después de que México tuvo que renegociar su deuda externa. Este Consenso, de naturaleza fundamentalista (con el FMI, el Banco Mundial y el Departamento del Tesoro de Estados Unidos como principales protagonistas), estableció como requisitos la estabilización macroeconómica a través de la liberación del comercio, el saneamiento de las finanzas, la reducción del gasto público, la reforma tributaria y el adelgazamiento del estado, entre otras fórmulas.

Ventana EBC. Es decir, el llamado neoliberalismo.

VAZ. Digamos que hay en el término una carga ideológica que probablemente no nos ayude a entender con claridad los hechos. No quiero decir con esto que no se valga la crítica, sino que necesitamos una crítica no descalificatoria. Y si rechazo el término “neoliberal”, también rechazo los exabruptos del régimen contra quienes se atreven a dudar de las bondades de la política económica del gobierno y contra los que defienden –por legítimas razones históricas y estratégicas- la participación del estado en zonas específicas de la economía nacional. Necesitamos un diálogo constructivo: no todo es blanco y negro. Es muy probable que podamos encontrar en la pluralidad ideológica una zona de entendimiento. La confrontación maniquea no ayuda, y eso lo hemos ido comprendiendo y aceptando a lo largo de los años, todos. Porque, por ejemplo, el carácter impositivo del Consenso de Washington puede incomodarnos por la sensación de que al plegarnos a sus mandatos nuestra soberanía se debilita, pero lo cierto es que el haber respondido positivamente a las exigencias de dicho Consenso trajo consigo estabilidad macroeconómica y reducción de la tasa inflacionaria, que eran ambos requisitos necesarios para la apertura, es decir, que eran condiciones primordiales para entrar al Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

Ventana EBC. Pareciera que los beneficios del TLCAN los vivimos incluso antes del Tratado mismo. Suena esto a política cuántica…

VAZ. Ni política cuántica ni metafísica. El beneficio precedente es fácil de explicar: firmado el Tratado en 1992, se dio entonces un ambiente de confianza hacia México. Luego pero casi inmediatamente, el primer beneficio que trajo el Tratado fue la reducción de la inflación.

Ventana EBC. Pero el gusto nos duró poco. Apenas comenzado el Tratado, en 1994, una serie de hechos tiraron el tinglado: la aparición pública del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (que demostró que no todo México estaba gozando de los beneficios del “neoliberalismo” y que el país había olvidado, de manera insultante, a las comunidades indígenas), así como los asesinatos del candidato del régimen a la presidencia y del secretario general del CEN del PRI (que destaparon la maloliente intriga palaciega de aquellos días).

HVM. ¡Nos eliminan del Mundial de Futbol por los cambios de Mejía Barón! (Risas). Digo, es que no lo vamos a olvidar nunca. Fue el año que vivimos en peligro.

VAZ. ¡Y la crisis económica de fines de ese mismo año! El llamado error de diciembre (frase acuñada por el presidente saliente para culpar de lo ocurrido a la administración entrante), crisis que incluso tuvo consecuencias internacionales (elEfecto Tequila). Sí, es cierto, desafortunadamente nos duró poco el gusto. Sin embargo y de manera general, el TLCAN sí ha dado beneficios. Desafortunadamente, los beneficios no han llegado a todos los sectores. Además, reconozcámoslo, el Tratado tiene un defecto de origen que nos lastima: nace no como una decisión soberana sino como una estrategia dictada por el poder económico mundial. ¿Pero cómo entonces íbamos a obtener divisas para pagar la deuda que acabábamos de renegociar? Esa parte financiera atrás del TLCAN no se ha estudiado mucho. Si observamos con detenimiento la historia del Tratado, descubriremos que su primera etapa no se da en el sector industrial ni en el sector agrícola, sino en la liberación financiera: lo primero que se libera es el mercado financiero, precisamente para atraer capitales.

HVM. Lo que comenzó como una imposición de Washington se convirtió en una cascada de beneficios para nuestro país, tantos que el gobierno estadounidense es el que se queja ahora de lo que considera un tratado ventajoso para México (queja que probablemente surge únicamente del estilo particular de “negociar” que tiene su presidente). Por tanto, hay que decir también que los mexicanos supimos negociar y lograr un buen acuerdo.

Continuará en el próximo número de Ventana EBC.

Esta entrevista puede verse en ebc.mx/negocios1

Verónica Arlette Zepeda. Licenciada en Economía por la Universidad Tecnológica de México, maestra en Ingeniería Económica y Financiera por la Universidad La Salle y doctora en Administración Pública por el Instituto de Estudios Superiores en Administración Pública. Actualmente, estudia Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México. Cuenta con especialización en Impuestos, Finanzas Públicas, Derecho Aduanero y Comercio Exterior, acreditada por la Universidad Panamericana y el Instituto Tecnológico Autónomo de México. Cuenta con amplia trayectoria en el sector público: a fines del siglo pasado, fue asesora del entonces Secretario de Hacienda José Ángel Gurría. Ha impartido múltiples conferencias y seminarios en diversas instituciones educativas y actualmente es catedrática del Colegio de Economía de la EBC, donde imparte cursos en licenciatura y posgrado.

Héctor Valencia Morales. Contador Público por la EBC, con Maestría en Administración de Negocios por el Colegio de Estudios en Administración Superior y con Maestría en Alta Dirección (MAD) por la misma Escuela Bancaria y Comercial. Con amplia experiencia en el sector financiero, es Socio Fundador y Director General de Valmor Soluciones, consultora de negocios. Fue Gerente de Control de Riesgos de Crédito en Bital y Operador de Mercado de Dinero para ABSA, Casa de Bolsa. Actualmente, es CFO de Corrubox México. Es expositor y conferencista en foros académicos y empresariales. Es catedrático de posgrado en la EBC, reconocido con la Excelencia Académica en trece ocasiones. Para orgullo de la Institución, es Profesor Distinguido 2016.

Álvaro Vargas Briones. Especialista en Finanzas y MBA por el ITESM. Cuenta Doctorado en Ciencias de la Administración por la UNAM. Con experiencias de más de veinticinco años en áreas de dirección financiera, ingeniería financiera y consultoría. El maestro Vargas Briones realizó en la República de Singapur, el posgrado Technical and Vocational Education and Training Programme for Principals and Leaders, auspiciado por el gobierno de dicha república y por The G-20 Development Working Group. Además de su labor docente (es catedrático de estudios de posgrado en la EBC), se ha desempeñado como Titular Ejecutivo de Ingeniería Financiera Bancomer, Director General de Política Económica y Desarrollo Económico del Gobierno de Hidalgo, y como Director General de DNC Consultores. Actualmente, Vargas Briones es Revisor del Premio Nacional de Investigaciones Financieras IMEF-Deloitte.