De profetas, profesores,
profesionales y profiteroles

1. Dijimos en la entrega anterior que el adjetivo estudiante es originalmente el participio activo de studeo, que significa DEDICARSE CON ATENCIÓN A ALGO.

2. El mismo trazo etimológico encontramos en el adjetivo docente, antes participio activo de docere (HACER QUE ALGUIEN APRENDA).

3. Ambos adjetivos (estudiante y docente) son hoy utilizados como sustantivos, lo que en estricto sentido no es equivocado. Sin embargo, conviene recordar que el infijo–nt sirve como tal para formar adjetivos a partir de verbos. El joven estudiante es quien se dedica con atención a algo (estudia). La persona docente es la que hace que alguien aprenda (enseña).

4. También el sufijo –or/ora tiene esa utilidad: luchador, el que lucha; oradora, la que habla en público; trabajador, el que trabaja; inventora, la que inventa.

5. En algunos casos, por costumbres específicas o incluso por razones de índole política, el adjetivo se desdobla y aparece una forma declaradamente femenina (marchanta, presidenta, regenta), mientras que en otros casos se mantiene el adjetivo como forma neutra: cantante, oficiante, concursante, estudiante, docente.

6. Por su parte, la palabra maestro es la forma patrimonial* de magister, EL QUE SE ENCUENTRA EN EL NIVEL MÁS ALTO. El minister, en cambio, es el sirviente o servidor, el que sirve, el que realiza una tarea por instrucciones de un superior (su forma patrimonial es la palabra ministro).

7. El maestro no necesariamente enseña. El nombramiento sólo indica que ha alcanzado el nivel de los mejores en un conocimiento específico o en varios saberes. Pero si lo hace, si dedica parte de su tiempo a hacer que alguien aprenda, entonces se convierte en un maestro docente.

8. Algo parecido sucede con el alumno (el que es alimentado), personaje que sólo cuando se concentra en el estudio y aprovecha las enseñanzas de su docente (el que lo alimenta) puede ser llamado estudiante.

9. Para algunos estudiosos, la forma maistro, común en el habla mexicana para referirse al maestro de un oficio, es la conclusión del romanceamiento que parte de magistrum (pierde la g). Sin embargo, nuestra opinión es que dicha forma no se remonta al latín, sino que es una sencilla inflexión fonética que enriquece nuestra lengua mediante la especificidad semántica.

10. Veamos ahora la palabra profesor/a. Se trata de un sustantivo de acción derivado del verbo profiteri, compuesto de pro (delante) y fateri (hablar, como acepción general), es decir, HABLAR DELANTE DE LA GENTE. De ahí que se llame profesor a quien, como persona docente, habla delante de sus alumnos y declara ante ellos su conocimiento.

11. El vínculo semántico entre profesor y profesar está en que el verbo alude al hecho de PRACTICAR UNA IDEA, UNA CREENCIA O UN CONOCIMIENTO. Asimismo, el término profesión se refiere a la acción y el efecto de profesar.

12. Profeta es otra voz que puede definirse desde la misma raíz de profesor: pro/fateri, hablar delante de la gente, en este caso para anunciar el porvenir.

13. En el capítulo VII de su Pantagruel, François Rabelais (c. 1494-1553) narra la llegada del hijo de Gargantúa a París. Durante su estancia, el gigante visita la biblioteca de Saint-Victor**, que le pareció magnífica, sobre todo a causa de algunos libros que encontró en ella. El genial autor dedica seis páginas para enlistar los volúmenes, varios de cuyos títulos conforman una sarta de hilarantes majaderías. Entre esos títulos aparece La profiterolle des indulgences, y el chiste está en que en el siglo XVI la palabra profiterolle (que en el francés moderno lleva una sola ele) se refería a la minúscula ganancia que los sirvientes recibían como recompensa por sus tareas (petit profit, pequeña gratificación). De cualquier manera, el título sigue funcionando con las diversas acepciones del profiterol, cada una de ellas adoptada en diferentes épocas y todas primas o hermanas gemelas del volován (vaul-au- vant): bolita de pan horneado bajo cenizas, panecillo hueco cocido en sopa y relleno de béatilles (minucias, frutillas, despojos, mollejas, sesos); col pequeña rellena de dulce, pastelillo relleno de crema u otros ingredientes y cubierto de chocolate caliente (esta última definición es la que nos ofrece hoy la RAE). Y si cerramos el artículo con una gracia de la cocina y la repostería se debe a que las palabras profesor y profiterol comparten fonéticamente el verbo latino profiter, que significa prosperar.

*En lingüística, el adjetivo patrimonial se aplica a las palabras tradicionales de un idioma que, al evolucionar, han seguido las leyes fonéticas que le correspondían. En la tercera acepción de la palabra, la RAE escribe: Dicho de una palabra que, a diferencia de los cultismos, ha seguido en su evolución las leyes fonéticas propias del idioma.

**La biblioteca a la que se refiere Rabelais se encontraba dentro de la Abbaye de Saint-Victor, antigua abadía de la orden de los agustinos, fundada en el siglo XII por Guillermo Champeaux. La abadía, que fue uno de los centros más importantes de la vida intelectual de Europa, contuvo una gran biblioteca (entonces se le llamaba librería), uno de cuyos supuestos acervos asombró y llenó de gozo hilarante a Pantagruel. En el coro o el refectorio de la misma biblioteca había manuscritos litúrgicos, para su lectura en voz alta. El lector y comentarista de dichos manuscritos era llamado profesor. La abadía de San Víctor fue clausurada en 1790 y demolida en 1811.