La pokemanía
y los negocios
coyunturales

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ANABEL LÓPEZ CHÁVEZ*

Pokémon Go es una aplicación de realidad aumentada que, a las pocas semanas de haber sido lanzada (julio de 2016), rompió marcas mundiales de número de descargas registradas (130 millones de veces) y de ingresos generados por un juego de teléfono móvil (206 millones de dólares), así como de popularidad en iOS y Android en más de setenta países, de manera simultánea. Con una funcionalidad relativamente novedosa, su éxito se basó tanto en la capacidad de mezclar el mundo físico y el mundo virtual como en utilizar el gps/cámara del dispositivo para capturar personajes animados de una serie japonesa en paisajes reales.

El auge de este juego produjo, por supuesto, comerciantes que acuden a los sitios de mayor concentración de pokemaniacos y ofrecen desde baterías de respaldo hasta expediciones de caza, descuentos en establecimientos y cebos para la captura rápida de personajes. Por su parte, algunas grandes trasnacionales también se han subido al barco de la pokemanía: a través de una alianza con Nintendo, McDonald’s convirtió tres mil sucursales japonesas en puntos importantes del juego; y Apple anunció que su más reciente Apple Watch integrará por primera vez la aplicación de Pokémon Go en su plataforma.


Los expertos coinciden en que la aplicación se encuentra en descenso: según Axiom Capital Management, Pokémon Go pasó de 45 millones de usuarios diarios (su pico máximo, en julio pasado) a 30 millones en el reciente octubre. Sin embargo, sus desarrolladores siguen trabajando en actualizaciones, para rescatar su fuerza en el mercado.

Existen tres acciones básicas que toda empresa debe considerar antes de emprender un negocio de coyuntura. Estas acciones protegerán la estabilidad del negocio:

1. Delinear el mercado meta con el de la nueva tecnología y revisar si existe congruencia entre esta última con las necesidades de los clientes.


Al término de 2016, se registra una notable reducción de descargas y el declive de la pokemanía.


2. Proyectar los beneficios que esperamos obtener: mayores ventas, incursión en un nuevo nicho de mercado, ampliación de nuestra cartera, posicionamiento, reputación, etcétera.

3. Determinar si el esfuerzo se convertirá en un gasto o en una inversión.

En un universo cambiante, las empresas están obligadas a ser sensibles y receptivas con su entorno; sin embargo, el nivel de respuesta a esos estímulos debe estar basado en un análisis de las condiciones específicas del negocio. Es muy importante estar conscientes de que la rapidez de los mercados muchas veces genera escenarios fugaces, por lo que no todas las tendencias son oportunidades sólidas. Si consideramos cada suceso como un negocio potencial y realizamos cambios acordes, corremos el riesgo de desgastar a nuestros clientes y a nuestros colaboradores, por lo que la cautela es hoy la única forma de avanzar con paso firme.

*Maestra en Administración de Negocios y Administradora General de Fundación EBC