GUADALAJARA
EN EL TIEMPO

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Cecilia Sandoval Macías*

Entre las grandes capitales de México se encuentra Guadalajara, ciudad de eterno diálogo entre sus hermosos paseos llenos de historias y de tiempo suspendido, y los espacios arquitectónicos concebidos en audaces diseños creados en los albores del siglo XXI.

Si realizamos un rápido recorrido por su devenir histórico, podemos darnos cuenta de que la conquista de los territorios del Estado de Jalisco fue larga y complicada. En el espacio donde hoy se encuentra Guadalajara no había asentamientos indígenas y los grupos que se encontraban alrededor eran fuertemente aguerridos.

El proceso colonizador inició con Cristóbal de Olid en 1522 pero fueron Nuño Beltrán de Guzmán y su capitán Cristobal de Oñate quienes lograron pacificar la región, liderando un ejército de quinientos soldados españoles y un nutrido grupo de indígenas, hacia 1532. Fueron ellos quienes, en honor a la tierra natal de Nuño Beltrán de Guzmán, bautizaron el sitio con el nombre de Guadalajara.

Ésta fue la primera fundación, pero no la última. Los constantes ataques indígenas y la búsqueda de mejores condiciones para vivir provocaron el movimiento de la ciudad a Tonalá, a Tlacotlán y finalmente al Valle de Atemajac, en los márgenes del río San Juan de Dios. Esta cuarta y última fundación, ocurrida el 14 de febrero de 1542, contó con la presencia de don Antonio de Mendoza, virrey de la Nueva España y de Cristóbal de Oñate, gobernador de Nueva Galicia. Los habitantes de la pequeña ciudad de Guadalajara, españoles e indígenas, fueron gobernados por Miguel de Ibarra, quien ostentaba el cargo de Alcalde Mayor.

A lo largo del siglo XVI, la ciudad sufrió diversas epidemias que diezmaron a la población, sobre todo a la indígena, lo que obligó a la creación de un hospital en la temprana fecha de 1557. Sin embargo, muy poco tiempo después inició un constante desarrollo que demandó el traslado de los poderes civiles y religiosos de Compostela, actualmente Tepic, a Guadalajara. La Cédula del 10 de mayo de 1560, expedida por Felipe II convirtió a Guadalajara en la capital de Nueva Galicia.

El crecimiento de la ciudad atrajo a las órdenes religiosas que evangelizaban la Nueva España; franciscanos, agustinos y dominicos en un primer momento, seguidos por jesuitas y carmelitas descalzos, construyeron los conventos que esculpieron el rostro de la Guadalajara colonial. Hoy podemos contemplar las iglesias y algunos de estos edificios en la variopinta traza tapatía.

El periodo virreinal trajo bonanza a sus habitantes, se incrementó la producción en el campo y prosperaron los oficios, la minería, la industria y el comercio. Guadalajara adquirió un importante estatus entre las capitales novohispanas y entre los más destacados de sus hombres de letras se cuentan Matías Ángel de la Mota y Padilla autor de la Historia de la conquista del Reino de la Nueva Galicia en la América Septentrional (1741-1748) y Francisco Xavier Clavijero quien escribió la importantísima Historia Antigua de México, publicada primero en italiano en 1781. Del siglo XVIII datan también la Universidad de Guadalajara y su primera imprenta.

El territorio de la Nueva Galicia figura en los puntos del recorrido independentista del ejército de Miguel Hidalgo. La esclavitud fue abolida en Guadalajara en diciembre de 1810, los insurgentes fueron derrotados a sus afueras en 1817 y el 13 de junio de 1821 se adhirió al Plan de Iguala.

De igual forma, prohombres jaliscienses como Valentín Gómez Farías y Luis Quintanar contribuyeron a la construcción del México independiente; y, durante la Guerra de Reforma, en 1858, Benito Juárez trasladó la sede de la presidencia a Guadalajara.

La ciudad compartió la estabilidad, el desarrollo industrial y la introducción de ferrocarriles e instalaciones eléctricas que caracterizó al porfirismo, hecho patentado por la prolífica edificación arquitectónica que hasta hoy se observa en su zona centro.

El devenir de Guadalajara en los tiempos de la Revolución Mexicana puede intuirse a través de los textos del jalisciense Juan Rulfo. La población decantó su apoyo hacia Venustiano Carranza y Pancho Villa. Permitió la entrada a la ciudad del Ejército Constitucionalista el 8 de julio de 1914, y sus alrededores fueron escena de enfrentamientos entre villistas y carrancistas.

Cuando la lucha armada concluyó y siguiendo con el programa nacionalista-educativo revolucionario que emanaba desde la Ciudad de México, las paredes del paraninfo de la Universidad de Guadalajara, del Palacio de Gobierno y del Hospicio Cabañas fueron enriquecidas con los murales del también jalisciense José Clemente Orozco.

A lo largo del siglo XX la capital de Jalisco se ha conocido con el atinado sobrenombre de “La Perla Tapatía” por su historia, su riqueza cultural, la calidez de su gente y su belleza arquitectónica. Entre los muchos datos relevantes y curiosos que hay en su haber destacan el haber albergado importantes partidos de los mundiales de futbol de 1970 y 1986; y la primera edición de la Feria Internacional del Libro en 1987, que se ha convertido en la fiesta editorial más importante de habla hispana y en la segunda del mundo.

En cuanto al nuevo milenio, Guadalajara fue sede de los XVI Juegos Panamericanos en 2011 y se ha convertido en un foro latinoamericano fundamental para la escena musical con conciertos como el de Björk, ocurrido en 2007, y Coldplay en 2010, por sólo mencionar algunos.

Existen muchos atractivos en Jalisco, como el tequila o la peculiar cerámica de Tonalá, que se suman a la magia e interés de su capital. Muchos también han sido los grandes personajes nacidos ahí que han dejado un importante legado a México y al mundo como María Izquierdo con su obra pictórica, José Pablo Moncayo con su música y Luis Barragán con su estela arquitectónica.

La Escuela Bancaria y Comercial se congratula de poder formar parte del devenir tapatío al iniciar su camino en Guadalajara, con la apertura de su nuevo campus en agosto de este año.


*Directora de Museo EBC