La evaluación
educativa a debate

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JUAN MANUEL RAMÍREZ BELLOSO*

¿Qué significa evaluar?

La tercera acepción que ofrece el Diccionario de la Real Academia Española para el mencionado galicismo, es: Estimar los conocimientos, las aptitudes y el rendimiento de los alumnos.

Por su parte, María Moliner dice que dicha voz significa atribuir cierto valor a una cosa, justipreciarla, tasarla, valorarla, describir su fuerza para fijar su valor.

Los instrumentos para expresar el resultado de una evaluación son diversos (escala numérica, escala alfabética, niveles de rendimiento, etcétera), pero en la mayoría de los casos se trata de una calificación personal. Rara vez se ofrece a un grupo de estudiantes el trabajar colectivamente para obtener una calificación general.

En este sentido, seguimos privilegiando el esfuerzo del individuo, incluso en sistemas donde el “trabajo en equipo” es frecuente: al final, cada estudiante se enfrenta a la necesidad de demostrar aisladamente el aprovechamiento obtenido en el curso: su calificación habla de él y no de su ser social.

Y para agravar lo anterior, todo examen general olvida que cada estudiante es un ser único, con peculiaridades en su proceso de aprendizaje y con formas personales de expresar su conocimiento: el cartón que ilustra este artículo resume con humor la torpeza de encerrar la diversidad humana dentro de una evaluación plana.

Hoy se vuelve urgente el establecimiento de un debate profundo sobre la eficacia de los métodos tradicionales de evaluación y sobre la necesidad de que mediante nuevas fórmulas de evaluación se logre expresar el valor del trabajo colectivo y del progreso general, el valor de un sistema educativo que privilegie la búsqueda del bien común.


Me parece que actualmente las formas de evaluación deben cambiar en dos sentidos: por un lado y desde los niveles primarios, convendría calificar no al individuo sino al grupo, dado que el conjunto está formado por personas que comparten una misma experiencia educativa; por otro lado, en caso de realizarse exámenes individuales, advertir que la calificación más baja será la calificación general.

Estas acciones sembrarían en el ánimo de los estudiantes un espíritu de grupo, que poco a poco crecería hasta convertirse en un reflejo natural, no sólo para los tiempos de escuela sino para los espacios familiares, los ámbitos laborales e incluso para las definiciones políticas y la práctica efectiva de la democracia (decidir el rumbo de la nación con base en la luminosa idea de construir un mundo donde quepan todos los mundos).

*Director de Mercadotecnia de la EBC