El emprendimiento
y su legislación

Vivimos tiempos de emprendimiento. La gente habla de emprendimiento, los gobiernos lo promueven y las universidades crean áreas específicas para estudiarlo y para impulsarlo. Sin embargo, las definiciones del término emprendimiento siguen siendo vagas (tanto que son diversas y distintas entre sí).

Muchos jóvenes hemos encontrado en el emprendimiento nuestro entretenimiento: mientras el negocio prende, nos reunimos con nuestros congéneres a presumir logros, a lamernos las heridas y a compartir experiencias en mesas redondas, conferencias, encuentros y festivales. Algunos, aquellos que descubrimos en el ajetreo del emprendimiento nuestra vena cómica, escapamos del startup y nos instalamos en el standup.

Al despuntar el siglo, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) recomendó efectuar acciones tendentes a la incorporación de temas de emprendimiento en todos los niveles educativos. ¡Sí, claro, suena muy bien: dediquémonos al emprendimiento, hagamos de la nueva generación un ejército de emprendedores! ¡El autoempleo creativo como antídoto contra el desempleo! ¿Será ésa la solución? El tiempo se encargará de responder. Por lo pronto, señalemos que más que el emprendimiento lo que ha crecido es la economía irregular…

En seis de cada diez hogares de clase media en México, el ingreso familiar proviene de personas que realizan su actividad económica en el sector informal (este panorama fue dibujado el pasado 6 de julio por Ángel Melguizo, economista en jefe para la región de la OCDE). Así que, mientras llegan los frutos sociales, culturales, económicos y políticos del emprendimiento, esperemos que la mencionada organización sepa sugerir con el mismo entusiasmo acciones a favor de la seguridad social, porque la situación de vulnerabilidad que vive la “clase media no consolidada” (eufemismo usado por el instituto para referirse a quienes en países como México perciben ingresos mensuales de entre 2,200 y 5,500 pesos) impide a este sector ubicarse en los niveles mínimos de salud, alimentación, vivienda y educación (recordemos, a propósito, que esta realidad tiene entre sus causas las políticas aplicadas por el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la propia OCDE, a saber: contención salarial, inhibición del sector público en la economía, eliminación de subsidios al campo, demolición de los sistemas de salud y educación, privatización de todo lo imaginable y desregulación laboral).

De cualquier manera, parece que todos –o al menos los gobiernos de los países miembros de la OCDE están en la misma frecuencia: la economía mundial podría resolverse a través del emprendimiento.

Dejando a un lado, por ahora, la discusión sobre si tal idea es acertada o sólo otra manera de lavarse las manos (¡Sálvese quien pueda!), advirtamos un error frecuente en la conceptualización del emprendimiento: muchas veces y en muchas partes, se confunde el hecho de emprender con el hecho de montar un negocio.

Quien emprende puede, por supuesto, coronar su aventura con la creación de un negocio rentable cuya consolidación a largo plazo sea viable (hablamos de consolidación, no de magia: el emprendimiento nada tiene que ver con hacerse rico de la noche a la mañana, ni siquiera con la idea de acumulación exorbitante de capital).

Asimismo, quien monta un negocio tendrá hoy más probabilidades de conectarse con los tiempos que vivimos (conciencia ecológica, respeto a la diversidad, expansión educativa y democracia, entre otros ánimos de hoy) si lo hace con espíritu emprendedor, entendido éste de la siguiente manera:

EL EMPRENDIMIENTO ES LA BÚSQUEDA DE NUEVAS FORMAS DE CREAR BIENESTAR COLECTIVO A TRAVÉS DE LA GENERACIÓN DE IDEAS DE NEGOCIO QUE APROVECHEN LOS AVANCES TECNOLÓGICOS Y QUE FOMENTEN LA SUSTENTABILIDAD COMO PROCESO DE RESPETO Y RESCATE DE LA VIDA EN GENERAL*.

Sin embargo, la experiencia nos dice que aquello que florece en una sociedad de manera virtuosa y, en este caso, con la participación entusiasta de los más jóvenes, sólo puede sobrevivir si se incluye como parte del ordenamiento jurídico, para establecer claramente las conductas y las acciones aceptables o rechazables en las personas, las instituciones, las empresas y las organizaciones en general.

Motivada por las estadísticas (20% de los egresados de estudios superiores emprende nuevos proyectos, pero sólo el 14% de tales proyectos dura más de tres años), la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) presentó en 2014 una iniciativa de Ley para el Impulso Emprendedor, cuya primera aprobación ocurrió al año siguiente en Coahuila, para su observancia en todo el estado y con el propósito de crear las condiciones necesarias para un emprendimiento robusto que en verdad incida en el desarrollo y el progreso de la entidad.

Esta ley pionera será replicada seguramente en otros estados, por lo que conviene leer con detenimiento la letra de lo decretado por el congreso coahuilense (http://bit.ly/2uf2gty).


*Esta propuesta de definición tiene la virtud de funcionar tanto para desarrolladores y programadores de la red del siglo XXI como para el avispado chino que en el siglo IX puso a flotar una aguja imantada dentro de una vasija llena de agua y dio pie a la invención de la brújula, así como para aquel orfebre maguntino del siglo XV que, inspirado en las prensas para la elaboración de vino, creo planchas para estampar en papel las letras móviles que había tallado previamente en metal. Sirve, incluso, para explicar las motivaciones originales de los navegantes que se toparon con todo un continente a fines del siglo XV e inventaron América.