EL DERECHO
Y LA EXPERIENCIA DOCENTE

Icono ventana

Miguel Toledo Jimeno*

En 1980, el director de la Escuela Bancaria y Comercial era don Alejandro Prieto Llorente y el secretario general don Ignacio Carrillo Salce, quien fue compañero de estudios de mi padre, desde la Secundaria hasta la Escuela de Jurisprudencia de la ahora Universidad Nacional Autónoma de México.

En ese entonces, yo me encontraba trabajando en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, y don Ignacio, con cuarenta años en su cargo, me buscó para comentarme que la EBC necesitaba profesores expertos en temas fiscales. Hábil y persuasivo como era, el autor de Documentación y Prácticas Comerciales me convenció para que diera clases.

-¡Quince días, Miguel, quince días! En lo que consigo un profesor de fijo.

Esas dos semanas se han convertido ya en treintaisiete años ininterrumpidos de actividad en las aulas.

Y la razón de este largo andar está en la naturaleza misma de la docencia, que ennoblece al individuo que la practica, que reconforta de muchas maneras su corazón y que satisface en él la humana necesidad de compartir el conocimiento.

En estas casi cuatro décadas de labor educativa, he impartido varias materias: Impuesto sobre la renta y Derecho Administrativo, así como Administración y Organización Pública en México y Auditoría y Defensa Fiscal. Son materias cuyo contenido me exige la capacidad de desarrollar en mis alumnos, futuros profesionales de la administración de la contaduría pública, un interés especial en lo jurídico

Vengo de una familia de abogados: mi padre fue abogado (condiscípulo de Carrillo Salce, como comenté al principio), y también lo fueron mi abuelo y mi bisabuelo paternos. ¡Tengo, además, una hija abogada! En casa, el derecho es pan de todos los días y tema recurrente de conversación familiar.

En 1979, ingresé a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público en la Administración fiscal regional Hidalgo – México. Veíamos toda la materia de impuestos federales en todo el Estado de México y todo el Estado de Hidalgo.

El asunto fiscal era materia optativa en la Licenciatura de Derecho, y esa condición de conocimiento aparentemente prescindible me incomodaba: no me parecía correcto que se le considera un saber accesorio, así que profundicé en él y descubrí su dinamismo y su riqueza. Fue por ese deseo de dominar la materia fiscal que entré a trabajar, en 1979, a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, para posteriormente ingresar, en 1983, al entonces Tribunal Fiscal de la Federación, ahora Tribunal Federal de Justicia Administrativa.

Uno de los mayores retos que enfrenta hoy el estudiante de Derecho y el recién egresado de la licenciatura, es el de saber transitar por el camino de los derechos humanos, cuya importancia social es muy grande. No es un tema que sólo incumba a las esferas del poder y a los sectores tradicionalmente vulnerables, sino también a quienes, desde los ámbitos privados, deben asesorar al consumidor, al inversor, al emprendedor, al promotor cultural y, claro, al contribuyente. Y estoy convencido de que precisamente en estos campos es en los que la Escuela Bancaria y Comercial tiene mucho que ofrecer a la Licenciatura en Derecho. ¡Ya lo veía venir! No me sorprende la inclusión de esta carrera en nuestra institución: nuestro prestigio educativo, nuestro tesoro de conocimientos y nuestros valores nos convierten en un conveniente y halagüeño campo de cultivo de grandes abogados.


*Licenciado en Derecho por la Universidad Nacional Autónoma de México, Magistrado adscrito a la Séptima Sala Regional Metropolitana y profesor de la EBC desde 1980.