El compromiso
más allá del contrato

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KAREN BERENICE MENDOZA GARDUÑO**

En un mundo donde los individuos, las organizaciones y las instituciones llegamos a acuerdos, firmamos alianzas e incluso empeñamos nuestra palabra, el concepto mismo de compromiso parece necesitar una revisión semántica y filosófica que lo inscriba dentro de una ética específica de la responsabilidad profesional y empresarial, pero también dentro de una moral del bien común, esa moral que reconstruye ciudades y empresas, que libera pueblos y salva organizaciones, que rescata derechos y detiene injusticias: esa moral que se funda en la idea de un universo sincrónico y simbiótico donde la historia siempre es un fenómeno colectivo. Por que si de algo debe sentirse orgullosa la sociedad humana, es de su naturaleza gregaria.

El término compromiso parece tener tres componentes etimológicos de raíz latina, cada uno de los cuales lo dota de un sentido: (1) relación de compañía (con), (2) disposición de ánimo (pro) y (3) misión (missio).

Si estas etimologías son acertadas, entonces podemos definir el concepto de compromiso como el acuerdo voluntario asumido por dos o más personas para alcanzar un objetivo.*

El compromiso entraña, entonces, una promesa y una obligación, asumidas ambas voluntariamente. ¡Pero la promesa es mutua! Todo compromiso implica (o debe implicar) un acuerdo entre dos o más personas.

José Ignacio Jiménez, socio director de Talengo, empresa dedicada a la consultoría en Recursos Humanos, señala, en un artículo publicado por El País, que "el compromiso de los trabajadores refleja la implicación intelectual y emocional de éstos con su empresa, y con ello su contribución personal al éxito de la misma". Sin embargo, hay que advertir -como lo hace el mismo Jiménez- que en una organización todo compromiso es un camino de doble vía: más allá de lo plasmado en un contrato, los pactos tácitos entre empresa y colaboradores deben darse dentro de los terrenos de la confianza y en la coincidencia de valores.

Todo compromiso implica una relación y un diálogo entre las partes.
No existe el compromiso unilateral.


Por todo lo anterior, conviene que organizaciones e individuos miremos la vida de otra manera y convirtamos nuestros múltiples negocios en avenidas que nos conduzcan hacia el bienestar general. Dicho de otra manera: que el compromiso sea la instalación en la sociedad de un espíritu de entusiasmo colectivo capaz de trabajar por el bien común. Dar a nuestros compromisos la sangre del deseo y no la hiel de la obligación.

Porque eso es, precisamente, lo que mejor hacemos los seres humanos: cumplir con aquello en lo que creemos y con aquellos a quienes amamos.



* Ya que nuestro compromiso coincide con el compromise del inglés, acudamos al muy confiable Online Etymology Dictionary del historiador Douglas Harper. Este diccionario ubica en el siglo XV la aparición de compromise (promesa conjunta de respetar la decisión de un árbitro) y señala que es una adaptación del francés compromis (acuerdo entre las partes que implica concesiones recíprocas). La fuente es el compromissus latino, cuyo sentido es el mismo. La definición de "compromiso" es variada en los diccionarios. El Cambridge Advanced Learner's Dictionary, por ejemplo, dice: An agreement in an argument in which the people involved reduce their demands or change their opinion in order to agree.

**Ex alumna de la EBC, egresada de la Licenciatura en Finanzas y Banca (Generación 1997-2001)