El Brexit y sus
repercusiones
en la economía
mexicana

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ÁLVARO VARGAS BRIONES*

Con la participación social superior al 72% en el referéndum los ciudadanos del Reino Unido decidieron votar a favor de su separación de la Unión Europea, y el Brexit cobró vida. No era de esperarse otra cosa.

La difícil situación por la que atraviesan los países miembros de la UE, tanto en lo económico como en lo político, ha generado daños colaterales en las economías mundiales, y lo sucedido en Gran Bretaña provoca hoy el temor de que otros miembros deseen abandonar la Unión: Holanda, por ejemplo, cuya ultraderecha ha pugnado por un cambio de timón en la política económica y en algunos acuerdos sociales.
Frente al Brexit, la preocupación general se enfoca hacia las relaciones comerciales y la incertidumbre que genera en los mercados mundiales.

Heridos hay, y varios: para comenzar, señalemos la estrepitosa caída de la libra esterlina y sus repercusiones en las bolsas de Asia, Europa y América Latina (incluida la de México, por supuesto). Los daños también se observan en los precios del petróleo (con una caída aproximada del 5.2%) y en los precios de los FTSE 100, los cuales, según analistas, cayeron en un 6.5%. Por otra parte, lo ocurrido hará que un gran número de empleados de mercados financieros, como Banco HSBC y JP Morgan, tengan que buscar un nuevo futuro fuera de Londres.

Entre las causas evidentes de la decisión, están los flujos migratorios hacia Europa: al salir de la Unión Europea, el Reino Unido puede controlar sus fronteras y quitar presión sobre los puestos de trabajo y el control presupuestal.

En el caso específico de México, el hecho dio como resultado que las autoridades hacendarias acordaran un nuevo recorte al gasto público por 31 mil 715 millones de pesos.

Según diversos analistas, la caída en el gasto público puede desacelerar la de por sí ya maltratada economía mexicana, puesto que entre los rubros que éste comprende se encuentran los sueldos y los salarios, el mobiliario y el equipo y otros que, si bien no son tan contundentes como el gasto en infraestructura, sí suman por si mismos efectos de caída en el consumo y por tanto en la demanda.

Por otro lado, la incertidumbre en torno al tipo de cambio puede provocar una desaceleración económica al conjuntarse turbulencias económicas mundiales.

Sea cual sea el panorama que se presente, lo cierto es que el resultado estará sujeto a las estrategias y las habilidades de los hacedores de la política económica y a la aplicación adecuada de las herramientas que permitan mantener activa la demanda, la producción y el empleo, trinomio fundamental para sacar a flote un país ante cualquier tipo de vicisitudes que se presenten.

Por otra parte, el control de la inflación y la instrumentación de políticas que propicien el crecimiento económico, forman parte, de la maquinaria que se tendrá que engranar, a fin de generar el bienestar económico ante un entorno de turbulencia en los mercados mundiales.

Ante lo aquí expuesto, la recomendación es sencilla: debemos planear, mirar estratégicamente con el objeto de asegurar que lo que gastemos o consumamos sea realmente lo necesario, a fin de hacer frente a cualquier contingencia que pueda generar el entorno.

Se recomienda no contratar crédito, si no existe un elemento que nos deje ver claro que se ha contratado éste para efectos productivos y no de gastos superfluos y de nula generación de utilidades. Buscar ser eficientes y competitivos, generar alianzas que nos permitan abatir costos y propiciar economías de escala, y sobre todo rodearnos de gente capaz, con mentalidad y actitud positiva que le guste enfrentar retos y que vea estos escenarios como una gran oportunidad para aplicar los conocimientos adquiridos en busca del éxito personal y organizacional y de la economía en su conjunto.

*Economista, analista y consultor; catedrático de posgrado en la EBC y colaborador en DNC Consultores, Centro de Estudios Estratégicos y Alta Dirección.