A propósito del centenario
de la Constitución Mexicana

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AGUSTÍN AGUILAR TAGLE*

El 5 de febrero, en medio de reflexiones académicas, análisis periodísticos y recuento de modificaciones (más de seiscientas), celebraremos los primeros cien años de la Constitución de 1917. Sin embargo, la palabra celebrar no parece ser la más adecuada, dado que hay en nuestra Carta Magna, más allá de las naturales y necesarias adaptaciones al presente, signos claros de desmantelamiento.

El reconocido historiador Adolfo Gilly nos recuerda que lo que vivimos es un proceso destructivo del régimen constitucional que comenzó en noviembre de 1991, cuando se reformó el artículo 27 para abrir la puerta al despojo y la privatización de las tierras ejidales, y culminó en diciembre de 2013, cuando una contrarreforma aún más radical acabó de destruir ese artículo pilar de la Constitución, como ya han sido desmantelados en los hechos los originarios artículos 3º, relativo a la educación, y artículo 123, sobre los derechos y garantías de los trabajadores.

Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM, a la vez que profesor de Historia y Ciencias Políticas de la misma universidad, Adolfo Gilly nos advierte que este proceso profundiza la dependencia de México frente a Estados Unidos y que revertirla requerirá un esfuerzo mayúsculo por parte de la generación que decida rescatar nuestra soberanía y nuestra independencia. Esperemos que esa generación sea la nuestra, es decir, la misma que hoy está viviendo y padeciendo los últimos estertores del ancien régime, este régimen decrépito y esclerótico que creíamos ya muerto pero que se resiste a desaparecer, acaso porque no hemos sabido acabar con él, sea por incapacidad, sea por irresponsabilidad, sea por contubernio cultural.

En este contexto y con ese telón de fondo, es importante señalar que, a pesar de todo, hay un significativo número de episodios rescatables en la práctica histórica de la Constitución Mexicana. Uno de ellos es el de la coincidencia que guarda la definición que de sí misma hace la Escuela Bancaria y Comercial** con el espíritu del artículo tercero de la Carta Magna, el cual, a propósito, ha experimentado diez modificaciones en 83 años (entre 1934 y 2016).



Costitución

Los valores constitucionales
son también los de la EBC


Como parte de la oferta privada de educación superior en México, la EBC ha sabido honrar en su propia definición lo que el artículo tercero determina para la educación pública. Es decir, la Escuela Bancaria y Comercial no nace ni se desarrolla para contradecir la voluntad de la Nación, expuesta en su norma fundamental, sino para acompañar esa voluntad y llevarla a su cumplimiento a través de programas especializados en negocios.

Los valores constitucionales son también los valores de la EBC: independencia, justicia, respeto a los derechos humanos, amor a la Patria y conciencia de la necesaria solidaridad internacional.

Dado que el artículo 24 garantiza la libertad de creencias, el artículo tercero señala claramente que, para que se ejerza esa libertad, es imprescindible que la educación impartida por el Estado sea laica, ajena a cualquier doctrina religiosa, actitud que la EBC comparte entera y expresamente, no sólo en su laicidad sino también en su disposición a formar profesionales emprendedores con base en los resultados del progreso científico y en la lucha contra la ignorancia y sus efectos, las servidumbres, los fanatismos y los prejuicios.

Por otra parte y en conclusión, el hecho de que la Escuela Bancaria y Comercial se especialice en las disciplinas propias del mundo de los negocios, no impide que sus Principios Institucionales*** embonen virtuosamente con el proyecto nacional emanado de la Revolución Mexicana y que incluso abonen a favor de un país más justo, más libre y más feliz.



*Jefe de Contenidos de la EBC

**Somos la institución de educación superior de régimen privado más antigua del país. Somos mexicanos, somos libres, somos laicos, somos incluyentes. Nos especializamos en negocios. ***Somos estudiantes para siempre, somos impulsores de progreso, somos honestos y socialmente responsables.